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DE ABRIL 2008
Desde
la terraza cerrada donde desayuno, contemplo Palmira azotada por fuerte
viento que arrastra una densa nube de polvo. He sido afortunado, los dos
días pasados, sol, sin nubes. Ver las ruinas en estas condiciones
es lamentable.
Se reduce la visibilidad. La espectacular vía de columnas se pierde,
se difumina. Minúsculos granos de arena golpean el rostro e inutilizan
cámaras fotográficas. No vale la pena subir al castillo
que ofrece una panorámica completa de pueblo y zona arqueológica.
Desaparece todo aquello que se encuentre a más de 50 metros. Las
calles están desiertas. Es viernes, día festivo. En el hotel
me han asegurado que en cuanto salga de Palmira volveré a ver cielo
azul y sol radiante. Son buenos deseos, no información fiable.
Tomo la carretera que me conducirá a Deir Al Zur, en las orillas
del Eufrates, unos 270 kms. hacia el este. Un guía que acompaña
a cuatro españolas que han preferido Siria a Jordania para pasar
unos días de vacaciones –están encantadas con el país-,
me ha informado que, desde hace un par de años, hay una carretera
asfaltada por la que se llega a Qasr Al Heir Al Sharqui, una fortaleza,
en mitad el desierto, que controlaba el paso de caravanas. Se construyo
en el siglo VIII. Tengo que ir, no hay excusa posible. Encontrar el desvío
es fácil, aunque no esta señalizado. Es la única
carretera asfaltada que hay por esa zona. Por si le sirve de información
a alguien, facilito los datos. Se encuentra, a la izquierda, 39 kms. después
de Al Sukhnah –habiendo salido de Palmira. La distancia hasta las
ruinas es de 29 kms. Atención, entre el km 15 y el 16, hay un desvío
a la derecha y otro a la izquierda, ambos asfaltados, sin ningún
cartel. Hay que continuar recto.
Para mi no ha sido tan sencillo. La visibilidad, en algunos tramos, era
de treinta metros. Cuando desaparecía momentáneamente el
polvo, podía ver que el desierto que estaba cruzando era llano,
sin referencias, solo una línea en el horizonte, sin ningún
desnivel. Algunas tiendas y casas aisladas de beduinos con algunos rebaños
de ovejas. En un par de tramos la carretera pierde el asfalto, solo dos
o trescientos metros. Cuando me he encontrado el primer desvío,
he dudado. No quiero repetir errores de días pasados. He visto
un pastor a medio km. Me he acercado, Ha confirmado la ruta. He llegado
sin más problemas hasta el solitario Qasr.
Parece
imposible que en este desierto, hace siglos, junto a la fortaleza se construyera
también un palacio rodeado de frondosos jardines. Pero así
fue. De todo aquello solo quedan las murallas, reconstruidas en parte,
apuntaladas, y ruinas, algunas columnas, arcos, puertas, restos de una
mezquita y poco más. Lo más impresionante es que se conserva
en mitad de la nada.
Vuelvo
a la carretera principal, me envuelve el polvo hasta 70 kms antes de llegar
a Deir Al Zur.
La ciudad, tranquila, en las orillas del Eufrates, prospero gracias a
los yacimientos petrolíferos cercanos. No tiene gran interés
para el viajero, pero es un importante cruce de caminos, Damasco, Alepo,
Turquía e Irak. Puedo quedarme un par de noches. Encuentro un hotel
estupendo a buen precio, Funduk Ziad. Mañana me acercare a importantes
yacimientos arqueológicos, cerca de la frontera con Irak, me han
asegurado que no existe el mínimo riesgo.
Como son las cuatro de la tarde y no he comido, me acerco a un parque
cercano, en la orilla del rio. Para cruzarlo, utilizo un puente colgante,
solo para peatones. Mientras ingiero el kebab de siempre, al aire libre,
numerosos niños corren, juegan, entre columpios, balancines y toboganes.
¿Dónde estarán los hombres? ¿En la mezquita?
Aquí solo hay mujeres y niños. Regreso al hotel, mientras
el polvo vuelve a ocultar el sol que ya había empezado a descender.
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A
las diez de la mañana me encuentro ya en la carretera que va a
la frontera con Irak. Menos de 150 kms me separan de ese país con
un pasado cercano sangriento, un presente caótico, un próximo
futuro penoso y un lejano futuro incierto.
Hay dos lugares, con un interés relativo, en esa ruta. Dura Europos
y Mari. El primero esta a 113 kms. Me han asegurado en el hotel que no
existe el mínimo problema en acercarse hasta allí.
La frontera esta cerrada. El único transito de vehículos
es local. Algunos camiones, tractores y pocos coches. Los pueblos están
muy cerca el uno del otro. Además de los yacimientos petrolíferos
cercanos a Deir Al Zur, el Eufrates riega fértiles tierras, que
permiten un desarrollo económico estable.
Los restos de Dura Europos se encuentran en una meseta desértica
que domina la vega del rio. Las murallas, desde el exterior, quedan casi
ocultas por la arena acumulada junto a ellas. El lugar fue elegido en
un principio para levantar una fortaleza para controlar la zona, después
se ampliaron las murallas y se desarrollo la ciudad, bajo la autoridad
de Roma. Los persas lograron tomarla en el año 256 de nuestra era.
Ahí se inicio su decadencia. Grandes espacios con puntuales ruinas
desperdigadas. Me faltan piezas del rompecabezas para poder imaginar como
llego a ser Dura Europos. He recorrido gran parte de su extensión
durante dos horas. Me he acercado al precipicio que hacia innecesario
levantar murallas por ese lado. Cerca de cien metros de altura, sobre
el llano de campos cultivados que riega el Eufrates, permiten gozar de
un punto de vista excepcional. No son muchos los visitantes extranjeros
que llegan hasta aquí. Esta lejos, no esta de paso hacia otros
puntos mas interesantes del país. Una vez más, en mi caminata,
solo me ha acompañado el sonido del viento. He subido a lo alto
de la muralla desde donde se percibe mejor la distribución de antiguos
edificios.
Continuando
hacia Irak, treinta kms después de haber dejado Dura Europos, se
hallan las ruinas de Mira. Este si es un lugar especial. Hay poco que
ver, pero…tiene una antigüedad de 5.000 años. Hace casi
3.800 años que fue destruida por los babilonios. Guardaba un tesoro
bajo su restos, 25.000 tablillas de arcilla, escritas en acadio, documentos
únicos para saber como eran las distintas civilizaciones de la
antigua Mesopotamia. Las encontró un equipo de arqueólogos
franceses en 1.933. Gracias a ellos y a quienes continuaron su labor,
desenterrando, reconstruyendo y protegiendo sus hallazgos, hoy he podido
visitar este espacio singular. Me he paseado por lo fue un palacio, con
dos patios, pasillos y habitaciones alrededor. Se ha cubierto para protegerlo
de la lluvia. Hay restos de templos, casas y un Zigurat, cerca del palacio.
Construían con ladrillo. Los restos, tienen una capa de adobe para
salvarlos de las inclemencias del tiempo, supongo. Caminar sobre los montículos
que hay entre las ruinas me producía cierta intranquilidad. De
vez en cuando, una capa fina de barro seco cedía, hundiéndose
bajo mis pies. Para un 4x4, ese suelo es una trampa. He visto algún
pozo de 4 o 5 metros de profundidad. He de ir con cuidado, es una de las
pocas desventajas de viajar solo.
Al
entrar en Deir Al Zur, lleno de gasoil. Aquí, como en Palmira,
lejos de las fronteras, las gasolineras están bien surtidas. No
hay colas ni necesidad de llenar bidones. El dependiente ha intentado
que le diera dinero extra por servirme, arguyendo que no hay gasoil, que
no voy a encontrarlo. Me ha preguntado si sabia a cuanto estaba el litro.
Le he sonreído, le dicho el precio exacto, le he pedido que llenara
el deposito. Se ha sentado, ha encendido un cigarrillo, me ha dicho que
no me servia. He abierto la puerta del coche, me he sentado, he vuelto
a sonreír, le he contestado “No tengo prisa, esperare”.
Después de dos o tres minutos, se ha levantado, me ha estrechado
la mano, ha sonreído y ha llenado el depósito. Por supuesto,
no le he dado propina.
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Otro
día rodeado de polvo. Debe ser la época. Viento proveniente
del desierto que arrastra partículas minúsculas, causando
un efecto semejante a niebla espesa. La visión se reduce a cien
o doscientos metros. El polvo se introduce por cualquier rendija. La pantallita
que me indica los kms recorridos se cubre de una fina capa que tengo que
limpiar cada cierto tiempo.
Con esas condiciones, me limito a cubrir la distancia que me separa de
Alepo, 330 kms. Una pesadilla. Opto por esperar a que me adelante algún
vehículo que me sirva de referencia. Los autobuses de línea
regular parecen pertenecer al “Kamikaze Express”, circulan
a más de 120 kms por hora. No tengo prisa, dejo que me adelanten
y desaparezcan. Los coches particulares se dividen entre muy rápidos
y lentos, osados y temerosos, tampoco me sirven. Por fin, una camioneta
que transporta corderos se ajusta a lo que estaba esperando. Ha encendido
las luces traseras, mantiene una velocidad que oscila entre 80 y 90 kms
por hora. Debe conocer muy bien la ruta. Mantengo una separación
que me permita frenar, en caso de que se produzca cualquier incidente,
pero que no sea excesiva, para no perderla de vista, unos 80 metros.
Los últimos 150 kms y algunos otros tramos, antes de llegar a ese
hito, transcurren por una excelente calzada, con dos vías en cada
dirección, con arcenes. Las dos direcciones de marcha están
separadas, depende del tramo, por un muro de hormigón, una zanja,
o distinto nivel. Cada pocos kms hay un paso, para poder invertir la dirección.
Los conductores de los pueblos que vamos encontrando eligen el camino
mas corto para llegar al paso que permite incorporarse a la vía
de dirección contraria. Eso significa que te encuentras de frente
tractores, motos, camionetas, que aparecen de repente, surgiendo de la
nube que envuelve todo, por la derecha o por la izquierda. Una verdadera
locura. Por supuesto, los peatones cruzan por donde mejor les parece.
Seguir la furgoneta me ha facilitado la conducción.
He pasado cerca de un castillo que me apetecía ver, Qala’at
Ja’bar. Se construyo sobre un promontorio rocoso. Hace treinta años,
el lago Assad, creado por una presa en el curso del Eufrates, cubrió
de agua el valle que dominaba el castillo. La fortaleza se convirtió
en isla, que está unida a la orilla por una lengua de tierra. He
visto algunas fotografías de Qala’at Ja’bar y me hubiera
gustado acercarme hasta allí. Sera en otra ocasión más
favorable.
Al llegar a Alepo he visto varios vendedores callejeros con mascarilla
para proteger sus vías respiratorias del polvo flotante. Debe ser
algo habitual. He buscado y encontrado hotel en la zona nueva de la ciudad.
Mañana visitare la
parte antigua.
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Lo
primero que hecho esta mañana es asomarme al balcón de mi
habitación. Sol, cielo azul, despejado, sin rastro de polvo.
He iniciado mi visita a la ciudad antigua de Alepo, traspasando la solida
muralla por la puerta de Antalya. Las tiendas del zoco estaban abriendo
sus puertas, todavía no había muchos compradores. Este no
es un bazar turístico como Khan el Khalili, en el Cairo, es un
gran mercado donde se puede encontrar de todo, desde carne a ropa, pasando
por calzado, joyas, telas, utensilios para el hogar, dulces, especias
o libros. Sus clientes habituales son los ciudadanos de Alepo. Hay una
zona nueva, “Handicraft Market”, con distintos fines, orientado
especialmente a los turistas.
La
mayoría de las calles de este mercado están cubiertas. Durante
los meses de verano, el sol abrasador no impide el quehacer habitual.
No es muy extenso. En el área que ocupa se encuentran otro tipo
de edificios, mezquitas, antiguos caravansarays reconvertidos en almacenes
o tiendas, e incluso, muy cerca, dentro del casco antiguo, un antiguo
hospital, el “Bimaristan Arghan”. Un edificio singular, construido
en el siglo XIV, que conto, en su día, con los más reputados
especialistas en medicina del mundo islámico.
Su visita me ha impresionado. Continuó funcionando hasta el siglo
XX. Había un espacio reservado para locos peligrosos, calabozos,
no son otra cosa, con pétreas paredes y gruesos barrotes en las
ventanas. No he logrado enterarme desde cuando se utilizaron con esos
fines. No me cuadra que en ese hospital ejemplar, donde los médicos
residentes intercambiaban conocimientos e intentaban sanar los cuerpos,
se utilizaran celdas. Tal vez si, no lo se. El edificio –lo que
he podido ver-, tiene dos patios, con estanques. Uno, en la zona reservada
para las mujeres, otro, el más grande, con ocho habitaciones que
ocupaban los médicos residentes. En cada una de ellas se recuerda
a algunos de los más famosos que pasaron por allí, es algo
tétrico. Se recuerda a destacados galenos del Islam, con mención
especial a Albucasis, cirujano, medico de Abderraman III, nacido en Andalucía
en el año 936. Su libro mas destacado fue “El Método”,
en el que recogía los mas importantes conocimientos sobre la materia
en Grecia, Roma y Oriente Medio. El ultimo capitulo estaba ocupado por
200 dibujos de instrumental quirúrgico. También, en ese
libro, se describe por primera vez la hemophilia.
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