Crónica 5: marzo, 2008 (2ª)

Jordania







Si se continua por el cañón, al final hay una pendiente que se supera gracias a unos destrozados y desiguales escalones, luego bajada en las mismas condiciones, para llegar, después de superar otro corredor, a una plataforma con una vista elevada sobre el conjunto montañoso de Petra. Si se sigue la antigua senda, se llega al Deir en una hora.
En ese lugar, que visita muy poca gente, un beduino ofrece te y vende objetos artesanales a quienes logran superar rocas y escalones. Magro negocio, ya que además te pide lo que le quieras dar por el te, que puedes tomar sentado, mientras gozas de un paisaje único. Hoy se estaba muy bien, supongo que incluso en verano el lugar es privilegiado, las paredes de roca te ofrecen sombra y el aire corre por el estrecho pasadizo.

La carretera que lleva a la “Petra Pequeña” desde Wadi Musa es un tobogán con fuertes pendientes, cambios de rasante y curvas por la que hay que circular con cuidado. Después de pararnos un momento para ver los restos de un antiguo castillo construido por los cruzados, hemos tomado un te en un bar de la zona de los hoteles buenos de Petra, muy cerca de la estación de autobuses y de la entrada a la zona arqueológica. Los precios, al igual que en Egipto y Aqqaba, en las zonas turísticas, son europeos, diez veces mas que en el pueblo que esta a unos dos kms. Hay que comprender que Jordania tiene pocos recursos, escasa zona cultivable, falta de agua, se están incrementando cultivos bajo plásticos, sus principales fuentes de ingresos son la minería y el turismo, además de la ayuda norteamericana últimamente.


Petra puede visitarse a partir de las seis de la mañana. Voy a levantarme temprano y subir al “Alto Lugar de Sacrificios”. Recuerdo un amanecer inolvidable, claro que en aquella ocasión pase por el Siq y emprendí la dura subida con la luz de una linterna.



10 DE MARZO 2008

He dormido, dentro del coche, en el parking cercano a la entrada de la zona arqueológica. A las seis en punto, estoy delante de la taquilla esperando al empleado. La zona esta desierta, las tiendas cerradas. Ya ha amanecido, aunque el sol todavía no se ha elevado sobre las montañas circundantes. El precio de la entrada depende del número de días, 21 dinares por un día, 26 por dos, 31 por tres. Escojo el intermedio, dos días serán suficientes para visitar los enclaves más interesantes.
Estoy animado, siento una vez más esa agradable sensación que percibo cuando me acerco a un lugar excepcional. En esta ocasión no me sorprenderé ante lo que voy a ver. He visitado Petra en en 1980, 1984 y 2005. El turismo masivo ha alterado el entorno. Bares, tiendas, restaurantes, carretas, caballos, burros y camellos merman el encanto que ofrecía Petra en 1980, pero continúa siendo un lugar impresionante.



S
er el primer visitante del día me permite caminar por el Siq (cañón) escuchando solo el ruido de mis pasos. Recorro sin prisa los 1200 metros que separan la entrada del final. Ligera pendiente descendente con curvas que impiden ver más allá de cincuenta metros. En ocasiones, el cañón se ensancha, otras se estrecha hasta algo menos de tres metros. Las paredes rocosas que llegan a alcanzar 200 metros de altura distorsionan, por comparación, la anchura de los tramos. En varias partes se conserva la antigua calzada romana. De repente, una vez mas, antes de lo que esperaba, aparece, entre las paredes oscuras, el “Tesoro”, el principal monumento de Petra, una fachada esculpida en la roca, 43 metros de alto por 30 de ancho. Silencio absoluto, estoy solo. Me siento en el suelo, apoyándome en la roca. Recuerdos.


V
uelvo al presente. Me pongo en marcha en busca de las escaleras que me conducirán al “Alto Lugar de Sacrificios”. Desciendo por la “Calle de las Fachadas”. Antes de llegar al “Anfiteatro”, encuentro a mi izquierda los primeros escalones. La subida es dura, con escalones, en ocasiones, desiguales, altos. De vez en cuando, me detengo para recuperar el aliento. Llego al punto que deseaba, he dejado a mi izquierda los dos obeliscos dedicados a dioses nabateos. La vista sobre Petra desde este lugar compensa ampliamente el esfuerzo. El sol empieza a iluminar las fachadas de tumbas y palacios. La temperatura es agradable.


E
ncuentro el camino para descender hacia Wadi Farafra, que me permite seguir otro interesante itinerario, pasando por “El León”, “El Soldado”, “El Jardín”, llegando finalmente al Anfiteatro. Bajo con cuidado las empinadas escaleras, recuerdo una torcedura de tobillo, en 1984, precisamente cerca del monumento “El León”, una figura esculpida en la roca, antaño convertida en fuente. Un alto en el camino, me permite compartir te con una pareja canadiense que se dirige a Egipto. Les doy toda clase de información para que puedan aprovechar al máximo, con el menor coste posible, los diez días que van a pasar en el país del que vengo. Tienen billetes de vuelos interiores, lo que les permitirá no perder tiempo en largos desplazamientos.


A
las once y media he olvidado completamente el esfuerzo –ahora me parece mínimo- de la subida al “Alto Lugar de Sacrificios”. Estoy animado, empiezo a ver grupos de turistas por la zona de bares. ¿Qué hago? Mejor dejo para mañana la subida al “Deir”, el “Monasterio”. ¿Me acerco a la “Tumba de Aaron”? Esta en lo alto de una montaña, “Jebel Haroun”. La información que tengo me confunde. Un amigo me ha dicho que puede hacerse en dos horas. “Lonely Planet” estima que ida y vuelta ocupan seis horas, una beduina, que vive junto al monumento de “La Serpiente” (camino de la tumba) me indica que dos horas en llegar y una y media en regresar. “Es fácil, solo hay que seguir la pista con huellas de neumáticos”. Probare. Sigo las roderas. Paso por delante de “La Serpiente”, dejo atrás unas tiendas donde viven beduinos. No se ve a nadie, lejos, a mi derecha, veo la cúpula blanca de la tumba de Aaron, en lo alto de “Jebel Haroun” (1.350 metros).


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