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se continua por el cañón, al final hay una pendiente que
se supera gracias a unos destrozados y desiguales escalones, luego bajada
en las mismas condiciones, para llegar, después de superar otro
corredor, a una plataforma con una vista elevada sobre el conjunto montañoso
de Petra. Si se sigue la antigua senda, se llega al Deir en una hora.
En ese lugar, que visita muy poca gente, un beduino ofrece te y vende
objetos artesanales a quienes logran superar rocas y escalones. Magro
negocio, ya que además te pide lo que le quieras dar por el te,
que puedes tomar sentado, mientras gozas de un paisaje único. Hoy
se estaba muy bien, supongo que incluso en verano el lugar es privilegiado,
las paredes de roca te ofrecen sombra y el aire corre por el estrecho
pasadizo.
La
carretera que lleva a la “Petra Pequeña” desde Wadi
Musa es un tobogán con fuertes pendientes, cambios de rasante y
curvas por la que hay que circular con cuidado. Después de pararnos
un momento para ver los restos de un antiguo castillo construido por los
cruzados, hemos tomado un te en un bar de la zona de los hoteles buenos
de Petra, muy cerca de la estación de autobuses y de la entrada
a la zona arqueológica. Los precios, al igual que en Egipto y Aqqaba,
en las zonas turísticas, son europeos, diez veces mas que en el
pueblo que esta a unos dos kms. Hay que comprender que Jordania tiene
pocos recursos, escasa zona cultivable, falta de agua, se están
incrementando cultivos bajo plásticos, sus principales fuentes
de ingresos son la minería y el turismo, además de la ayuda
norteamericana últimamente.
Petra
puede visitarse a partir de las seis de la mañana. Voy a levantarme
temprano y subir al “Alto Lugar de Sacrificios”. Recuerdo
un amanecer inolvidable, claro que en aquella ocasión pase por
el Siq y emprendí la dura subida con la luz de una linterna.
10 DE MARZO 2008
He dormido, dentro del coche, en el parking cercano
a la entrada de la zona arqueológica. A las seis en punto, estoy
delante de la taquilla esperando al empleado. La zona esta desierta, las
tiendas cerradas. Ya ha amanecido, aunque el sol todavía no se
ha elevado sobre las montañas circundantes. El precio de la entrada
depende del número de días, 21 dinares por un día,
26 por dos, 31 por tres. Escojo el intermedio, dos días serán
suficientes para visitar los enclaves más interesantes.
Estoy animado, siento una vez más esa agradable sensación
que percibo cuando me acerco a un lugar excepcional. En esta ocasión
no me sorprenderé ante lo que voy a ver. He visitado Petra en en
1980, 1984 y 2005. El turismo masivo ha alterado el entorno. Bares, tiendas,
restaurantes, carretas, caballos, burros y camellos merman el encanto
que ofrecía Petra en 1980, pero continúa siendo un lugar
impresionante.
Ser
el primer visitante del día me permite caminar por el Siq (cañón)
escuchando solo el ruido de mis pasos. Recorro sin prisa los 1200 metros
que separan la entrada del final. Ligera pendiente descendente con curvas
que impiden ver más allá de cincuenta metros. En ocasiones,
el cañón se ensancha, otras se estrecha hasta algo menos
de tres metros. Las paredes rocosas que llegan a alcanzar 200 metros de
altura distorsionan, por comparación, la anchura de los tramos.
En varias partes se conserva la antigua calzada romana. De repente, una
vez mas, antes de lo que esperaba, aparece, entre las paredes oscuras,
el “Tesoro”, el principal monumento de Petra, una fachada
esculpida en la roca, 43 metros de alto por 30 de ancho. Silencio absoluto,
estoy solo. Me siento en el suelo, apoyándome en la roca. Recuerdos.
Vuelvo
al presente. Me pongo en marcha en busca de las escaleras que me conducirán
al “Alto Lugar de Sacrificios”. Desciendo por la “Calle
de las Fachadas”. Antes de llegar al “Anfiteatro”, encuentro
a mi izquierda los primeros escalones. La subida es dura, con escalones,
en ocasiones, desiguales, altos. De vez en cuando, me detengo para recuperar
el aliento. Llego al punto que deseaba, he dejado a mi izquierda los dos
obeliscos dedicados a dioses nabateos. La vista sobre Petra desde este
lugar compensa ampliamente el esfuerzo. El sol empieza a iluminar las
fachadas de tumbas y palacios. La temperatura es agradable.
Encuentro
el camino para descender hacia Wadi Farafra, que me permite seguir otro
interesante itinerario, pasando por “El León”, “El
Soldado”, “El Jardín”, llegando finalmente al
Anfiteatro. Bajo con cuidado las empinadas escaleras, recuerdo una torcedura
de tobillo, en 1984, precisamente cerca del monumento “El León”,
una figura esculpida en la roca, antaño convertida en fuente. Un
alto en el camino, me permite compartir te con una pareja canadiense que
se dirige a Egipto. Les doy toda clase de información para que
puedan aprovechar al máximo, con el menor coste posible, los diez
días que van a pasar en el país del que vengo. Tienen billetes
de vuelos interiores, lo que les permitirá no perder tiempo en
largos desplazamientos.
A las
once y media he olvidado completamente el esfuerzo –ahora me parece
mínimo- de la subida al “Alto Lugar de Sacrificios”.
Estoy animado, empiezo a ver grupos de turistas por la zona de bares.
¿Qué hago? Mejor dejo para mañana la subida al “Deir”,
el “Monasterio”. ¿Me acerco a la “Tumba de Aaron”?
Esta en lo alto de una montaña, “Jebel Haroun”. La
información que tengo me confunde. Un amigo me ha dicho que puede
hacerse en dos horas. “Lonely Planet” estima que ida y vuelta
ocupan seis horas, una beduina, que vive junto al monumento de “La
Serpiente” (camino de la tumba) me indica que dos horas en llegar
y una y media en regresar. “Es fácil, solo hay que seguir
la pista con huellas de neumáticos”. Probare. Sigo las roderas.
Paso por delante de “La Serpiente”, dejo atrás unas
tiendas donde viven beduinos. No se ve a nadie, lejos, a mi derecha, veo
la cúpula blanca de la tumba de Aaron, en lo alto de “Jebel
Haroun” (1.350 metros).
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