Crónica 4: febrero y marzo 2008 (2ª)

Egipto y Jordania







Los conductores se consideran los mejores del mundo. Buscan el hueco, no respetan las líneas, meten el morro, cortan los cruces, son insolidarios con quien quiere aparcar, se meten en calles de dirección prohibida. Pulsan la bocina forma compulsiva. Reconozco que dominan la marcha atrás. A mí, que siempre lo hago con mucha precaución, me llevo un taxista más de ochenta metros, a cincuenta por hora por una avenida de mucho tráfico, para no tener que dar una gran vuelta. Por carretera, muchos no cambian la luz larga por más que insistas. También reconozco que no lo hacen porque les falla la luz de cruce o se quedan sin luz. No saben que hay que cambiar la larga cuando tienen otro coche delante. “Si molesta la luz, se cambia el ángulo del espejo retrovisor. El problema es para el, no para mi”. Mejor no circular de noche por carretera.

Tampoco entiendo lo que ocurre en los tramos de carretera en los que se tiene que rodar en convoy por seguridad. Por ejemplo en el tramo Aswan-Abu Simbel. Abre la marcha un coche de policía. Los carteles limitan la velocidad a los autobuses a 80 kms. hora. Para no perder el coche que llevas delante, tú circulas a 110. Los autobuses te pasan a 130. ¿No va un coche de la policía delante? ¿A cuanto va? Por supuesto que hay accidentes, no hace mucho un autobús con españoles sufrió uno. Es una locura. Las carreteras del desierto tienen poco transito, pero por la noche son mas peligrosas. Puedes encontrarte un camión parado en tu vía, sin luces. Si ese encuentro coincide que en dirección contraria viene otro vehículo y tú has bajado tu iluminación a luz de cruce, cuando descubres el obstáculo puede ser imposible frenar si conduces muy rápido.
Los peatones conviven con el caos circulatorio. Las calles se cruzan por cualquier lugar, ya que no se respetan semáforos ni pasos cebra. Únicamente en los semáforos que hay policía los coches se detienen. Al recién llegado, cuando tiene que cruzar una calle de tres carriles en cada dirección, se le acelera el corazón, respira profundo y no encuentra el momento oportuno. Cuando se cansa de esperar se lanza, tal vez en el peor momento, corre, duda y no lo atropellan porque el conductor cairota frena…. si los frenos le responden. Para cruzar hay que estar tranquilo, esperar un hueco en el primer carril, adelantar, dejar pasar los coches que ves que no van a frenar y continuar cuando hay espacio. No correr o dudar, porque despistas al conductor. En el último caso, pararse y levantando la mano pedir que se detenga. Si no se tiene practica, lo mejor es seguir lo que hace un peatón autóctono, Te colocas a unos diez metros de el, cuando da un paso adelante tu también. Es la técnica del “escudo humano”.


Normalmente los peatones comparten calzada con los coches. En las calles estrechas, los bordillos son muy altos –evitan que los vehículos se suban a las aceras-, hay entradas de garajes y en ocasiones un coche parado te obliga a rodearlo. Te cansas de subir y bajar bordillos, hasta de cincuenta centímetros de altura, caminas por la calzada. Cuando oyes la bocina, no giras la cabeza, te aparcas un poco y dejas pasar el coche. Por supuesto El Cairo no es una ciudad cómoda para caminar y un infierno para una persona en silla de ruedas. Todos estos inconvenientes se incrementan cuando llueve. No hay alcantarillas. En una ciudad tan polvorienta las calles se embarran, hasta que el sol acude en ayuda de los sufridos peatones secando las calzadas.
Los taxis son baratos, pero….. hay muchos muy viejos, destartalados, los conductores normalmente solo hablan árabe (es lógico, están en Egipto), no tienen taxímetros actualizados. Si les preguntas precio antes, te denuncias como visitante, pagaras más. Todo el mundo sabe, más o menos, lo que cuesta determinado trayecto. Aun así, aunque les hables en árabe y entiendan perfectamente a donde quieres ir, sabes que pagaras más que un cairota. De acuerdo. Se que el trayecto es de 3 libras (0,37 euros), estoy dispuesto a pagar 5 (0,62), pero no 20 (2,5 euros) como piden algunos. Discusión y pagas lo que tu crees correcto. Es agotador. Lo digo como persona que ha vivido tres años en El Cairo. Ahora hay taxis nuevos, pocos, de color amarillo, con taxímetro, aire acondicionado, limpios, para trayectos largos pueden llegar a ser mas baratos. En tramos cortos son un poco más caros. Lamentablemente son escasos, ya que los egipcios prefieren los antiguos, mucho más económicos para ellos.


La primera impresión del recién llegado, es que El Cairo, 17 millones de habitantes, es una ciudad sucia. Esta impresión viene dada por el desorden urbanístico de fachadas asimétricas, con cables colgando, bosques de pantallas parabólicas, diferentes aparatos acondicionadores de aire, distintas alturas, edificios empolvados, mucha contaminación, aceras desiguales, numerosos puestos callejeros de venta que generan basura, pocas papeleras, casi nada esta bien acabado. Los cairotas se resisten a pagar los gastos que genera el mantenimiento de los edificios. ¿Quién se ocupa de limpiarlos? El portero, con su familia. Vive en un espacio mínimo, donde cocina, duerme y almacena sus escasos enseres. Para limpiar se utiliza agua, sin jabón ni cepillo. Placas de mármol, paredes, baldosas, con el tiempo van perdiendo lustre y muestran el paso de los años. Estoy hablando de la mayoría, destinados a viviendas, por supuesto debe haber edificios bien mantenidos, pocos.


El Cairo genera 13.000 toneladas diarias de deshechos. ¿Quién recoge la basura? Pasan camiones que por una pequeña cantidad de dinero recogen las bolsas de basura que la gente deja delante de su puerta. ¿Quien limpia las calles? Hasta hace seis años no había servicio público de recogida de basuras. En el año 2002, la limpieza de El Cairo se adjudicó a tres empresas extranjeras -la italiana AMA Internacional, y las españolas Urbaser, del grupo Dragados/ACS, y Fomento de Construcciones y Contratas (FCC)- y una gubernamental, Al Fostat. Tres años después, Urbaser abandono. Desde hace más de un siglo la limpieza de El Cairo ha corrido a cargo de los “zabaleen”, recolectores de basura. Pertenecen a la comunidad copta.


H
ace unas décadas, nació la “ciudad de la basura”, en el Muqattam, al sudeste de la capital. Allí viven –sobreviven- 45.000 personas. 7.000 se dedican a recoger la basura. Allí se selecciona, se separa, se recicla. Los restos orgánicos alimentan cerdos y ratas. Las cabras campan a sus anchas, es un paraíso para ellas. Los “zabaleen” han logrado un Centro de Salud, una Oficina de Correos y una Escuela. Las calles siguen sin asfaltar. Una visita a este barrio es una inmersión profunda en el pozo negro de la basura. Calles, locales, terrados rebosando basura. Se selecciona en exterior e interiores. Todos colaboran, mujeres y jóvenes. Los niños juegan entre montañas de basura, apartándose de los camiones y carros cargados. Los hombres que no se dedican a la recogida, trabajan en interiores, con maquinas rudimentarias, reciclando plásticos.


Hay numerosos signos externos de la comunidad religiosa copta, cruces y pequeñas iglesias de papel y cartón que penden, entre las casas, sujetas por cuerdas y cables. El monasterio de San Simian, se encuentra en la parte alta del barrio. Es un oasis sobre la ciudad de la basura. Grandes espacios donde se reúnen los fieles coptos. En las altas paredes de piedra, grandes imágenes esculpidas por un polaco que lleva mas de doce años dedicado a esa labor. Siete iglesias y Capillas bien conservadas en amplias cuevas. Vistas sobre el barrio y espectaculares puestas de sol que destacan la mezquita de alabastro, en la Ciudadela. Aconsejo su visita.


O
tro espacio que las agencias de viaje incluyen en algunas excursiones optativas en El Cairo es la visita a los cementerios mamelucos, la Ciudad de los Muertos. Últimamente las autoridades han decidido no permitir la entrada de grupos en esas aéreas. El aspecto que ofrecen es de un pequeño pueblo, sin asfaltar, en el que numerosas familias, sin recursos económicos, viven pirateando electricidad y agua. Se alojan en panteones, rodeados de tumbas. Las lapidas se utilizan en ocasiones como tendederos. Sin coches, ruido ni tiendas. Un espacio donde muertos y vivos coexisten en perfecta armonía.


ANTERIOR ARRIBA