| Los
conductores se consideran los mejores del mundo. Buscan el hueco, no respetan
las líneas, meten el morro, cortan los cruces, son insolidarios
con quien quiere aparcar, se meten en calles de dirección prohibida.
Pulsan la bocina forma compulsiva. Reconozco que dominan la marcha atrás.
A mí, que siempre lo hago con mucha precaución, me llevo
un taxista más de ochenta metros, a cincuenta por hora por una
avenida de mucho tráfico, para no tener que dar una gran vuelta.
Por carretera, muchos no cambian la luz larga por más que insistas.
También reconozco que no lo hacen porque les falla la luz de cruce
o se quedan sin luz. No saben que hay que cambiar la larga cuando tienen
otro coche delante. “Si molesta la luz, se cambia el ángulo
del espejo retrovisor. El problema es para el, no para mi”. Mejor
no circular de noche por carretera.
Tampoco
entiendo lo que ocurre en los tramos de carretera en los que se tiene
que rodar en convoy por seguridad. Por ejemplo en el tramo Aswan-Abu Simbel.
Abre la marcha un coche de policía. Los carteles limitan la velocidad
a los autobuses a 80 kms. hora. Para no perder el coche que llevas delante,
tú circulas a 110. Los autobuses te pasan a 130. ¿No va
un coche de la policía delante? ¿A cuanto va? Por supuesto
que hay accidentes, no hace mucho un autobús con españoles
sufrió uno. Es una locura. Las carreteras del desierto tienen poco
transito, pero por la noche son mas peligrosas. Puedes encontrarte un
camión parado en tu vía, sin luces. Si ese encuentro coincide
que en dirección contraria viene otro vehículo y tú
has bajado tu iluminación a luz de cruce, cuando descubres el obstáculo
puede ser imposible frenar si conduces muy rápido.
Los peatones conviven con el caos circulatorio. Las calles se cruzan por
cualquier lugar, ya que no se respetan semáforos ni pasos cebra.
Únicamente en los semáforos que hay policía los coches
se detienen. Al recién llegado, cuando tiene que cruzar una calle
de tres carriles en cada dirección, se le acelera el corazón,
respira profundo y no encuentra el momento oportuno. Cuando se cansa de
esperar se lanza, tal vez en el peor momento, corre, duda y no lo atropellan
porque el conductor cairota frena…. si los frenos le responden.
Para cruzar hay que estar tranquilo, esperar un hueco en el primer carril,
adelantar, dejar pasar los coches que ves que no van a frenar y continuar
cuando hay espacio. No correr o dudar, porque despistas al conductor.
En el último caso, pararse y levantando la mano pedir que se detenga.
Si no se tiene practica, lo mejor es seguir lo que hace un peatón
autóctono, Te colocas a unos diez metros de el, cuando da un paso
adelante tu también. Es la técnica del “escudo humano”.
Normalmente
los peatones comparten calzada con los coches. En las calles estrechas,
los bordillos son muy altos –evitan que los vehículos se
suban a las aceras-, hay entradas de garajes y en ocasiones un coche parado
te obliga a rodearlo. Te cansas de subir y bajar bordillos, hasta de cincuenta
centímetros de altura, caminas por la calzada. Cuando oyes la bocina,
no giras la cabeza, te aparcas un poco y dejas pasar el coche. Por supuesto
El Cairo no es una ciudad cómoda para caminar y un infierno para
una persona en silla de ruedas. Todos estos inconvenientes se incrementan
cuando llueve. No hay alcantarillas. En una ciudad tan polvorienta las
calles se embarran, hasta que el sol acude en ayuda de los sufridos peatones
secando las calzadas.
Los taxis son baratos, pero….. hay muchos muy viejos, destartalados,
los conductores normalmente solo hablan árabe (es lógico,
están en Egipto), no tienen taxímetros actualizados. Si
les preguntas precio antes, te denuncias como visitante, pagaras más.
Todo el mundo sabe, más o menos, lo que cuesta determinado trayecto.
Aun así, aunque les hables en árabe y entiendan perfectamente
a donde quieres ir, sabes que pagaras más que un cairota. De acuerdo.
Se que el trayecto es de 3 libras (0,37 euros), estoy dispuesto a pagar
5 (0,62), pero no 20 (2,5 euros) como piden algunos. Discusión
y pagas lo que tu crees correcto. Es agotador. Lo digo como persona que
ha vivido tres años en El Cairo. Ahora hay taxis nuevos, pocos,
de color amarillo, con taxímetro, aire acondicionado, limpios,
para trayectos largos pueden llegar a ser mas baratos. En tramos cortos
son un poco más caros. Lamentablemente son escasos, ya que los
egipcios prefieren los antiguos, mucho más económicos para
ellos.
La
primera impresión del recién llegado, es que El Cairo, 17
millones de habitantes, es una ciudad sucia. Esta impresión viene
dada por el desorden urbanístico de fachadas asimétricas,
con cables colgando, bosques de pantallas parabólicas, diferentes
aparatos acondicionadores de aire, distintas alturas, edificios empolvados,
mucha contaminación, aceras desiguales, numerosos puestos callejeros
de venta que generan basura, pocas papeleras, casi nada esta bien acabado.
Los cairotas se resisten a pagar los gastos que genera el mantenimiento
de los edificios. ¿Quién se ocupa de limpiarlos? El portero,
con su familia. Vive en un espacio mínimo, donde cocina, duerme
y almacena sus escasos enseres. Para limpiar se utiliza agua, sin jabón
ni cepillo. Placas de mármol, paredes, baldosas, con el tiempo
van perdiendo lustre y muestran el paso de los años. Estoy hablando
de la mayoría, destinados a viviendas, por supuesto debe haber
edificios bien mantenidos, pocos.
El Cairo genera 13.000 toneladas diarias de deshechos.
¿Quién recoge la basura? Pasan camiones que por una pequeña
cantidad de dinero recogen las bolsas de basura que la gente deja delante
de su puerta. ¿Quien limpia las calles? Hasta hace seis años
no había servicio público de recogida de basuras. En el
año 2002, la limpieza de El Cairo se adjudicó a tres empresas
extranjeras -la italiana AMA Internacional, y las españolas Urbaser,
del grupo Dragados/ACS, y Fomento de Construcciones y Contratas (FCC)-
y una gubernamental, Al Fostat. Tres años después, Urbaser
abandono. Desde hace más de un siglo la limpieza de El Cairo ha
corrido a cargo de los “zabaleen”, recolectores de basura.
Pertenecen a la comunidad copta.
Hace
unas décadas, nació la “ciudad de la basura”,
en el Muqattam, al sudeste de la capital. Allí viven –sobreviven-
45.000 personas. 7.000 se dedican a recoger la basura. Allí se
selecciona, se separa, se recicla. Los restos orgánicos alimentan
cerdos y ratas. Las cabras campan a sus anchas, es un paraíso para
ellas. Los “zabaleen” han logrado un Centro de Salud, una
Oficina de Correos y una Escuela. Las calles siguen sin asfaltar. Una
visita a este barrio es una inmersión profunda en el pozo negro
de la basura. Calles, locales, terrados rebosando basura. Se selecciona
en exterior e interiores. Todos colaboran, mujeres y jóvenes. Los
niños juegan entre montañas de basura, apartándose
de los camiones y carros cargados. Los hombres que no se dedican a la
recogida, trabajan en interiores, con maquinas rudimentarias, reciclando
plásticos.
Hay
numerosos signos externos de la comunidad religiosa copta, cruces y pequeñas
iglesias de papel y cartón que penden, entre las casas, sujetas
por cuerdas y cables. El monasterio de San Simian, se encuentra en la
parte alta del barrio. Es un oasis sobre la ciudad de la basura. Grandes
espacios donde se reúnen los fieles coptos. En las altas paredes
de piedra, grandes imágenes esculpidas por un polaco que lleva
mas de doce años dedicado a esa labor. Siete iglesias y Capillas
bien conservadas en amplias cuevas. Vistas sobre el barrio y espectaculares
puestas de sol que destacan la mezquita de alabastro, en la Ciudadela.
Aconsejo su visita.
Otro
espacio que las agencias de viaje incluyen en algunas excursiones optativas
en El Cairo es la visita a los cementerios mamelucos, la Ciudad de los
Muertos. Últimamente las autoridades han decidido no permitir la
entrada de grupos en esas aéreas. El aspecto que ofrecen es de
un pequeño pueblo, sin asfaltar, en el que numerosas familias,
sin recursos económicos, viven pirateando electricidad y agua.
Se alojan en panteones, rodeados de tumbas. Las lapidas se utilizan en
ocasiones como tendederos. Sin coches, ruido ni tiendas. Un espacio donde
muertos y vivos coexisten en perfecta armonía.
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