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Mientras
paseo entre las ruinas, me encuentro a matrimonio de Vich. Están
viajando por el desierto, con dos coches, conductores y guía. Se
van a internar por una zona por la que pasa nadie. Mientras esperan los
permisos necesarios, visitan los alrededores. Hace tiempo que descubrieron
el encanto del desierto, en una ocasión, siete coches, familia
y amigos, cruzaron el de Ubari, en Libia, saben de lo que hablan. Se organizan
los viajes a su gusto. Conocieron hace algún tiempo a un beduino,
en el Sinai, que es quien les planifica el viaje. Llevan un teléfono,
vía satélite, necesario para resolver cualquier problema
que pudiera acontecer.
A las tres de la tarde, voy al bar en donde había
concertado el encuentro con el francés y Amura. No aparecen. Me
acerco al “Tanta w’aa”. Como con Irina y John, Irina
se marcha mañana, camino de Petra, luego regresara a Dahab, en
el Sinai, para pasar las Navidades, luego volara hacia la India de nuevo.
John me habla de lugares realmente fascinantes de Australia. No sabe a
donde ira después de Siwa, le ofrezco llevarle a Bahariyya conmigo.
Despues podra continuar hacia el sur, en autobús.
Volvemos a Siwa, intento ducharme en el hotel de
Irina, pero no hay agua. Aparece el francés, no acudió a
la cita porque se había quedado dormido. Logro contactar por teléfono
con Amura, acaba de llegar, se presenta con otro que habla bien ingles.
Le entrego pasaporte y carnet egipcio del coche. Los permisos cuestan
cinco dólares y diez libras egipcias por persona, no es mucho.
La mujer del francés, Christelle, habla español. Les recomiendo
que busquen mas gente para compartir gastos en el traslado a Bahariyya
con un todo terreno, Amura puede llevarles. Quedamos citados a las nueve
de la mañana del dia siguiente. Regreso al “Tanta w’aa”
para cenar, barbacoa de cordero, arroz, humus y te. Entre las palmeras,
la montaña iluminada por los italianos, el “Baño de
Cleopatra” con velas, musiquita y gran hoguera. Con nosotros, alrededor
del fuego, un grupo de norteamericanos, jóvenes de vacaciones.
5
DE DICIEMBRE 2007
Hoy he pasado el día oficiando de intermediario
entre conductores y turistas. Por la mañana, a las nueve, acudo
a la cita con los franceses. Han encontrado mas pasajeros para compartir
gastos de viaje a Bahariyya, un matrimonio israelita y un ingles. Problema,
bueno en realidad no hay problemas, solo obstáculos, Amura no quiere
llevar a mas de cuatro personas, pero el viaje sale mas barato si el precio
se divide entre cinco. ¿Solución? “Amura, tu llevas
a los dos matrimonios y la niña y yo al ingles”, así
John se entretendrá hablando con el, yo pondré mas atención
en conducir. Todos de acuerdo, mañana saldremos desde aquí,
a las siete y media de la mañana, hay que aprovechar la luz diurna.
Los dejo a todos, voy darme una vuelta por el palmeral,
tal vez descubra algo nuevo. Me acerco a la “montaña de la
muerte”. Fui utilizada por los habitantes de Siwa para protegerse
de los bombardeos italianos durante la segunda guerra mundial. Hay unas
cuantas tumbas de la época Ptolomeica y romana, en muy mal
estado de conservación. Debe ofrecer muy buenas vistas desde lo
alto, pero me da pereza la ascensión. Abandono el lugar y vuelvo
al “Tanta w’aa”, musiquita agradable y te. Escribo un
rato, leo, miro las nubes, mientras me balanceo en una hamaca.
A primera hora de la tarde, llega un grupo en bicicleta,
holandés y alemán, les gustaría beber cerveza, pero
tienen que conformarse con zumos de frutas. Walid me explica, que aunque
Siwa esta cambiando, todavía no ha llegado el momento de poder
servir cerveza en su bar-restaurante. No hace mucho lo intento un egipcio
llegado de Alejandría. Los lugareños formaron un grupo numeroso
y arrasaron el bar, incluso tiraron al suelo la paredes de ladrillo.
Me
pongo a hablar con una alemana, unos sesenta años, que ha hecho
tres veces el Camino de Santiago, por distintas vías, ha recorrido
el desierto de Atacama, llegando al salar de Iyuni en Bolivia, ha visto
Machu Pichu después de superar el camino del inca, esta planeando
para esta primavera un viaje por Laos, Camboya y Vietnam. Me gusta encontrar
gente así, supongo que en este viaje coincidiré en muchas
ocasiones con personas que intentan escapar de la monotonía de
las ciudades. Vuelven a preparar una hoguera cuando el sol se esconde
entre las palmeras. Regreso a Siwa.
Ceno con John en el restaurante de las citas conductores-turistas. Se
acercan tres chicos jóvenes, una chica y dos chicos, entre 22 y
25 años, Talita, Bruno y Edsom, preguntándome si puedo llevarles
a Bahariyya. Son estudiantes brasileños, de Belo Horizonte, que
están cursando un master en Portugal. Les doy el teléfono
de Amura para que les busque un coche. Aparece Mohamed, un antiguo ayudante
de Khaled, el guía de Bahariyya que siempre contrataba cuando iba
al desierto Blanco. Conocí a Mohamed cundo tenia 17 años,
ahora, cinco años después, se ha establecido por su cuenta,
lleva grupos al desierto. Le digo que hable con los brasileños,
cuando lleguen a Bahariyya necesitaran contratar guía-conductor.
Me da su tarjeta y se despide, “Hasta mañana”.
Los brasileños han encontrado coche, les
costara caro porque no pueden compartir los gastos con nadie mas. Me cuentan
que quieren llegar hasta Abu Simbel. Empiezo a aconsejarles lugares, precios
y distribución de su tiempo para aprovecharlo al máximo.
Quedan encantados, no tenían ningún itinerario previsto.
Pensaban dedicar cinco días a Luxor, con tres tendrán suficiente,
incluyendo la visita a Dendera y Abydos. “Volved a El Cairo en tren,
butaca, de noche. Es barato, os ahorráis una noche de hotel, abrigaos,
hace frio”. Nos hemos entretenido mucho tiempo, los del restaurante
quieren cerrar. Antes de irme a dormir, cargo a tope de gasoil.
6 DE DICIEMBRE 2007
A las siete y cuarto limpio cristales y retrovisores.
Talita, Edsom y Bruno están sentados en el bordillo, delante de
su hotel, esperando que les recoja el coche que les va a llevar a Bahariyya.
Hace frio. Empiezan a abrir las tiendas. Van llegando el resto de viajeros.
No aparece Amura. Le llamo pero no descuelga el teléfono. Insisto.
Se había quedado dormido, se excusa al llegar. Carga depósitos
en la gasolinera, antes de salir del pueblo, nos reunimos con otro grupo
de vehículos con los que vamos a formar un convoy. Revisión
de permisos, comprobación de pasaportes y… en marcha, son
las nueve menos cuarto. La carretera en principio no esta mal, asfalto
reciente. Pasa por un gran lago, sobre un talud. En total son 400 kms.

Hay tramos horrorosos que se alternan de vez en
cuando con unos kilómetros de piso excelente, en estos últimos
circulamos a 140 kms hora. Para evitar la durísima “tôle”,
dejamos la antigua pista y sorteamos dunas. El grupo se disgrega, cada
uno busca el mejor camino, bien sobre la planicie arenosa o, subiendo
y bajando dunas de 10 o 15 metros de altura. Procuro no perder de vista
a Amura. Los coches vuelven a juntarse en los controles militares por
los que debemos pasar. Se comunican de uno a otro por medio de radio.
Las comprobaciones suelen durar un cuarto de hora. Sopla viento fuerte,
frío, no bajo del coche. Los antiguos barracones que recordaba
de mi primer viaje por esta pista, hace cinco años, han sido sustituidos
por construcciones de ladrillo.
Amura
se porta bien, se acerca a lugares con vistas espectaculares y encuentra
una hondonada protegida del viento para comer. Siempre atento y sonriente,
enciende fuego, calienta agua y nos ofrece te beduino.
Encontramos uno de los coches que se ha quedado atrapado por la arena,
proponen que empujemos todos para ayudarlo a salir de la trampa. “Quietos,
un momento”. Abro la puerta de atrás del Toyota, saco una
eslinga y dos grilletes, tiron y fuera. Continua la marcha.
Llegamos coincidiendo con la puesta de sol, a las
cinco y cuarto de la tarde. El principal grupo, que conocí ayer
por la tarde, se aloja en el hotel en el que había comido en varias
ocasiones en anteriores excursiones al Desierto Blanco. Esta bien, lo
han reformado, pero cobran 25$ USA por persona. A mi grupo le parece muy
caro. Quieren buscar uno mas barato. Mohamed se ofrece para llevarles
a otro que cuesta 25 libras la habitación, sencilla o doble, es
igual. Yo estoy dispuesto a dormir en el coche una vez mas, ya me he acostumbrado.
De repente sale el director y me reconoce, ha decorado el hotel con numerosas
fotografías mías del desierto. “A Yusef (por ese nombre
me conocen) y sus amigos precio especial, 6 $ USA por persona, desayuno
incluido”, pero nos ruega que no se lo digamos a los otros huéspedes.
De acuerdo.
Cenamos en el restaurante casposo que esta delante
del hotel. Lo mismo de siempre, cinco años y continua ofreciendo
sopa, arroz, unas verdurillas y un poco de carne de cordero. La primera
vez que vine, pague por ese menú, refresco incluido 12 libras,
ahora me pide 40. Le digo que es muy caro y me baja cinco, no pienso volver.
Hablo con Mohamed, para que lleve al desierto a los tres brasileños
y los dos ingleses. Talita esta desolada porque les ha pedido 350 libras
por persona y no tienen mucho dinero, estarían dispuestos a pagar
300. Hago un aparte con Mohamed. Al final, ya que son cinco, me dice que
lo puede dejar en 240, asiento con la cabeza, y en voz alta les digo a
todos que les va a costar 250. Todos contentos. Mientras tanto han aparecido
otros antiguos conductores con los que he viajado en varias ocasiones.
Han venido a saludarme, al enterarse que estaba en el bar. El matrimonio
francés, con la niña, quiere descansar un día y pasado
ir al desierto, Mohamed buscara otra pareja, para que el precio resulte
mas barato.
Mañana me despediré del grupo, saldrán
a las diez de la mañana. He hablado con Baldo por teléfono,
tal vez se apunte a la excursión a Dahla, vendrá en coche,
con un compañero de trabajo y su novia. Día completo, todo
bien.
7 DE DICIEMBRE 2007
Llamo a Baldo al levantarme, su teléfono
esta fuera de servicio. Deduzco que se halla en camino a Bahariyya. Bajo
a despedirme de los brasileños y los ingleses que se van al Desierto
Blanco en el coche de Mohamed. Aglomeracion de todo terrenos preparados
para iniciar la marcha.
Aparece Khaled con un nuevo coche, un Toyota con
mejor aspecto que el anterior. Se ha casado. Cumplió se deseo de
pasar la luna de miel en el desierto. Se caso en Agosto del año
pasado, calidas noches bajo la luz de las estrellas. Su esposa quiere
repetir, pero, según me dice, no ha podido disponer de dias libres.
Le regalo la radio-cassette original del Toyota, la cambie por una con
FM, lector de CD’s y conexión USB. Habla con los franceses,
intentara encontrar otra pareja para compartir gastos. Quiere invitarme
a comer, pero prefiero esperar a Baldo que continúa con su teléfono
fuera de cobertura.
Me doy una vuelta por el pueblo, lleno el depósito
de gasoil. Baldo sigue sin dar señales de vida. Paso la tarde leyendo.
A las seis, los franceses me dicen que van a ir a Al Quseir. Tengo que
mirar el mapa para saber que es un pueblo costero en el mar Rojo. En su
tiempo fue un puerto importante de salida de peregrinos a la Meca, hoy
no tiene ningún interés, los servicios son mínimos.
Para llegar allí, deberían tomar como mínimo 5 autobuses
y emplear mas de 30 horas. Desisten, regresaran a El Cairo. Les recomiendo
lugares interesantes de la ciudad y alrededores. Khaled se empeña
en invitarme a cenar en su casa.
Logro hablar con Baldo. Estaba con un grupo de coches
que probaban nuevas rutas por el desierto, camino de Bahariyya. Uno de
los vehículos ha sufrido un accidente, han tenido que llevar al
conductor al hospital. Se ha suspendido la prueba y han regresado a El
Cairo.
Tercera buena obra de la semana, les digo a los
franceses que pueden venir conmigo a Dakhla. Les llevare al Desierto Negro,
a la Montaña de Cristal y les paseare un ratito por el Desierto
Blanco (todo esto se encuentra en el camino a Dakhla). Luego ya decidiremos.
Se ofrecen para compartir gastos, pero les digo que no hace falta, que
me inviten a cenar. Todos contentos otra vez.
Khaled viene a buscarme. Cenamos en su casa, con
uno de sus hermanos, que solo habla árabe. En esa casa, que es
muy grande, viven sus padres y siete hermanos con sus respectivas familias.
Khaled se esta construyendo una, con piscina, que espera haber terminado
para primavera. Por supuesto, no veo a nadie más. Cenamos en una
habitación que utilizan para ocasiones como la de esta noche. El
menú, habitual, sopa, cordero, moloheya, verduras con salsa de
tomate, arroz, granada, melón y te. Vuelve a repetirme que no dude
en llamarle si necesito ayuda. Insiste en que me quede a dormir, pero
comprende que prefiero el confortable habitáculo de mi coche. A
las diez, nadie por la calle, ya me he acostado.
9 DE DICIEMBRE 2007
Cargamos fruta y agua. A las nueve iniciamos ruta.
Al salir de Bahariyya, primer control de los varios que nos hemos encontrado
durante el día. En todos anotan numero de matricula y nacionalidad
de las personas que viajan en el coche. En algunos se incrementa la información
con nombre, numero de pasaporte, origen y destino. En uno, mi nombre figura
como “ANRADMOR”, al verlo, asiento con un movimiento de cabeza
afirmativo.
Christelle y Julien suben a la colina del Desierto Negro, mientras juego
con la niña que se ha quedado conmigo.
Cuando llegamos a la Montaña de Cristal, unas rocas que tienen
capas de cuarzo cristalizado, nos encontramos con dos grupos de turistas.
A pesar del cartel que prohíbe llevarse nada del lugar, veo a un
niño con una pieza de 30 cms cubierta de brillantes cristales.
Ignoro donde la habrá descubierto, hace tiempo que todo aquel que
pasa por aquí arranca y destroza lo que en un principio debió
ser un espectacular brillo de cristales sobre las rocas.
Entro
en el Desierto Blanco, utilizo el GPS para poder regresar por el mismo
camino cuando quiera volver. Encuentro alguna de las rocas blancas espaciales
que busco, pero no una elevación que tenia una vista extraordinaria
sobre una gran extensión. Estamos una hora y media dando vueltas.
Gracias al GPS no tenemos ningún problema en volver a la carretera
por el mismo lugar que habíamos entrado.
Comemos
en Farafra en el único restaurante que vemos en la calle central.
Ocupamos la única mesa, encajonada entre mostrador y cocina. Aceptamos
todo lo que nos ofrecen, zanahoria, nabo y pimiento encurtidos, taameya,
te, acompañado por un pan hojaldrado riquísimo que hemos
comprado anteriormente en la panadería local, como postre plátanos.
Coste de todo lo consumido, un euro y medio.
Llegamos a Dakhla a las cinco de la tarde. Encontramos
un hotel que no esta mal. Julien intenta que me aloje en el hotel, pagando
ellos. “Muchas gracias, prefiero dormir en el Toyota, es mi casa”.
Kristel ha leído en la guía que un restaurante, además
de ofrecer un menú variado, dispone de cerveza fría. Pobrecita,
tenia que haberle hecho una foto de su cara mientras el “patrón”,
después de disponer para sus únicos clientes una gran mesa,
recitaba el menú, sopa, cordero, ensalada, arroz. Para beber, zumo
de limón, pepsi o seven up. Mientras cenábamos, se ha presentado
un local, con turbante y sisha, que ha sacado de su Land Cruiser. Nos
ha hablado de su campamento beduino en el desierto, con baño en
un estanque de agua caliente natural. Se ha enrrollado un rato y hasta
nos ha ofrecido un mini concierto de flauta. Julien es trompetista profesional
y ha seguido con gran atención la disertación sobre flautas
que nos ha dispensado el beduino.
Mientras tomábamos el habitual te, hemos decidido el orden de visitas
para mañana. Hemos regresado al hotel, esta en una zona tranquila,
sin mezquita cercana.
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