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DE NOVIEMBRE 2007
Que bien se duerme en el coche. Me despierto a las
nueve y media de la mañana. Estoy rodeado de coches, bastantes
taxis. me acerco a un bar, tomo un te, aprovecho para ir al servicio.
Pregunto por el camping, me indican el camino y lo encuentro fácilmente,
esta a unos dos kms. Como en los anteriores voy a estar solo. Puedo elegir
choza, son “zeribas”, construidas con hojas de palmera, como
las que usamos la primera vez que fui a Tamanraset, o en Djanet, en Argelia.
Creo que dormiré dentro del coche, estoy mas a gusto. Recuerdo
los desvergonzados ratones de Tam que salían de entre las hojas
de palmera a mirar que preparábamos para comer.
Dado que hay espacio, agua y hace buena temperatura,
decido lavar el coche. Esta lleno de polvo y arena. Lo dejo impecable.
Cargo el deposito de agua, es potable y mas vale que sobre. Después
sigo con la ropa que llevaba ayer, colgada y seca. Termino duchándome,
afeitándome y poniéndome crema hidratante, tengo la piel
de los brazos demasiado reseca. Todo esto me lleva hasta las cinco de
la tarde. Haciendo pausas, sentándome a la sombra de las
palmeras, viendo a lo lejos las montañas del Akakus. Converso con
el propietario del camping, un tuareg, de nombre Abderraman, también
se queja de “los invasores”. Con quien mas hablo es con el
que cuida el camping. Exmilitar, 30 años, habiendo estado destacado,
en misiones ONU, en Tchad y Sierra Leona. Es agradable, sonrisa franca
y con ideas muy claras. Tuvo que huir de su país, se escapo a tiempo,
sus compañeros continúan en la cárcel. Es haussa,
no puede volver a Níger, pero en Abril quiere irse a Nigeria y
terminar la carrera de Derecho que empezó. Habla ingles, francés,
árabe y haussa, claro. En Kano tiene familia, terminara sus estudios
ante todo. Luego trabajara y esperara que cambie la situación política
en Niger para regresar. Nació en Arlit. Hemos estado hablando toda
la tarde. Escribe un libro sobre la democracia en África, sobre
sus experiencias, también es poeta. Un verdadero personaje que
sabe cual es su situación y lo que quiere. Tiene madera de líder.
En la Universidad fue secretario general de las asociaciones de estudiantes.
Tiene muy claro también su escala de valores, cuales son sus prioridades
y objetivos a conseguir. Tampoco quiere ir a Europa, a la que considera
colonizadora y egoísta. Aquí procura pasar inadvertido.
No hablar de su vida con nadie que pueda denunciarle. Por supuesto, es
ilegal, como otros muchos inmigrantes que residen en Libia. Es muy difícil
conseguir el derecho de residencia. Para llegar a Ghat, tuvo que atravesar
el Tenere, en camión, llegar a Djanet y caminar 80 kms por las
montañas. Sabe que ahora esta tranquilo, se siente explotado por
el dueño del camping, pero tiene tiempo, aprovecha para escribir.
Habla por teléfono con su familia gracias a un móvil que
le regalo una chica de aquí que quería tener relaciones
con el. Se negó. Le explico que tenía bastantes problemas
y no quería aumentarlos. “En una sociedad como esta, es mejor
no tener relaciones con mujeres fuera del matrimonio y eso no esta en
mi lista de prioridades, todo llegara en su momento. Lo primero que he
de conseguir es una vivienda propia, luego terminar la carrera y trabajar
para lograr esas dos prioridades. Eso lo puedo tener en Kano, por eso
tengo que volver. Entrare por Tchad, que conozco muy bien”.
Ceno en un restaurante, me acerco a un local Internet,
buenas pantallas, pero conexión muy lenta. Después en el
camping, pongo el diario al día. Son las tres de la madrugada.
Mañana visitare la Medina.
23 DE NOVIEMBRE 2007
Me levanto a las diez de la mañana, hace
un calor sofocante que ejerce de despertador. En el centro del camping
hay un tuareg limpiando su coche, se dedica a llevar turistas al Akakus.
Ocho bidones de 20 litros en la baca, neumáticos especiales para
arena, anchos, japoneses, iguales a los Michelin S. Hace tres años
que los usa. Le costaron, nuevos, 150 euros cada uno. Son estupendos,
pero solo sirven para circular sobre arena o asfalto seco. Sobre agua
o barro se deslizan con adherencia nula.
Me acerco a la Medina, a lo que queda de ella. Ni
punto de comparación con la de Ghadames. Algunas calles, entre
muros muy altos, pasadizos y casas abiertas, llenas de basura, bolsas
y botellas de plástico. La recorro con orden para no perderme nada,
hay dos mezquitas antiguas, una de ellas con culto, la otra parece fuera
de uso, con la puerta cerrada. El calor aprieta, tendría que haber
traído una botella de agua. Tengo los labios resecos. Ningún
bar, solo dos tiendas con artesanía tuareg. Las únicas personas
que encuentro se dirigen a la mezquita, es viernes, día especial
de oración. Se oye la plática a través de los altavoces.
En lo alto de una colina, la única, se mantiene en muy buen estado
un castillo que empezaron a construir los turcos y finalizaron los italianos,
usándolo como cuartel. Llego hasta la entrada por una rampa que
sube desde la Medina. La puerta esta abierta, nadie en su interior. La
vista es espectacular. Se ve perfectamente
la distribución de Ghat, sus barrios, palmeral, el desierto cercano,
el cementerio. No muy lejos se alzan las montañas del Akakus. Una
perspectiva ideal sobre la Medina. Veo una especie de terraza que se levanta
cerca de la mezquita a la que siguen acudiendo fieles. Bajo y encuentro
el lugar. Hay que subir unas cuantas escaleras. Según la guía,
tiene estructura de zigurat, tal vez. Se utilizaba para encuentros públicos
en los que los habitantes de la ciudad podían dirigir sus preguntas
a los responsables. Ofrece también un excelente punto de observación
sobre la Medina. Caminar por esas calles, atravesar pasadizos, introducirse
en casas abandonadas tiene también su riesgo, porque algunos techos
amenazan con derrumbarse en cualquier momento.
Una vez visto todo lo “interesante”
que hay por ver en Ghat, acudo a un bar a saciar
mi sed con dos fresquísimas Mirindas que he vuelto a reencontrar,
después de salir de Egipto. Intento conectarme a Internet, pero
es viernes, esta cerrado. Probare mas tarde. En realidad todas las tiendas
están cerradas, tal vez abran después de las cuatro. Vuelvo
al camping y clasifico las fotos que he tomado. Procuro que no se vayan
amontonando. En el camping estoy como en casa. Pongo refrescos en la nevera,
la desconecto momentáneamente, para enchufar un múltiple
y conectar el ordenador. El encargado del camping me dice que le apena
que me marche mañana. Le suelto eso de que nuestras vidas son caminos
que en ocasiones se cruzan, se separan y tal vez vuelvan a encontrase,
donde y cuando, si llega la ocasión, es totalmente impredecible.
Le deseo que se cumplan todos sus objetivos, nos damos un fuerte abrazo.
Me cuenta que normalmente se mantiene a distancia de los turistas que
pasan por el camping. Solo de vez en cuando, encuentra a alguien con quien
poder hablar como si le conociera de toda la vida. Continuara leyendo
y escribiendo, mientras llega el momento de emprender la marcha hacia
Kano. Ese dia, recogerá sus cosas, dira adiós a Abderraman,
sin advertir de su marcha con anterioridad, iniciara el camino de vuelta.
Todos los días, por la mañana, se levanta temprano, corre
unos kilómetros para mantenerse en buena forma física.
Vuelvo al centro Internet. Pruebo Skype, hablo perfectamente
con algunos y entrecortadamente con otros, pero logro comunicarme. Poder
hablar casi gratis con gente en distintas partes del mundo, desde Ghat,
en el corazón del Sahara, es milagroso. Varias personas con las
que converso me piden que abra la web de una vez, les aseguro que se activara
probablemente la semana próxima.
Ceno en el mismo restaurante de ayer, el mismo menú.
El camarero me cuenta que es tunecino, que ha intentado conseguir un visado
para ir a trabajar a Francia, pero se lo han negado. Ha tenido que huir
de Túnez por problemas políticos. Todos me cuentan sus penas,
supongo que es porque les escucho atentamente. Mientras ceno, se me acerca
un joven negro, uniformado, con un papel en la mano. Me saluda, le devuelvo
el saludo. Mostrándome una lista de nombres me dice algo que no
entiendo. Tiene el aspecto de pertenecer a alguna organización
escolar. Le digo que mi árabe es muy limitado, que no le entiendo.
Supongo que me pide dinero. Se marcha para volver, minutos después,
acompañado por otro joven que, en francés, me puntualiza
que es un policía que busca a alguien, perteneciente a un grupo
de turistas. Le enseño mi visado, comprueba que estoy en regla,
sonríe y se despide educadamente.
Compro agua, atún Isabel y unas galletas,
en un súper próximo. Preparo la marcha. Me levantare temprano,
comprobare niveles del Toyota, presión de los neumáticos
y emprenderé camino hacia la costa Cirenaica, parando en los pueblos
que ofrezcan algo interesante que ver. Mi primer destino, Murzuk, unos
550 kms.
24 DE NOVIEMBRE 2007
Inicio el largo camino al Norte. Por la carretera
paso a algunos coches del Raid Scorpio, con los que coincidí en
el barco que me transporto de Marsella a Túnez. Veo otros haciendo
cola en varias gasolineras, esperando la llegada de combustible. Les quedan
pocos días de estancia en el país.
En los pueblos, por lo menos de esta zona, solo
hay una gasolinera. Las colas son habituales. El encargado pone a cero
el marcador, te da la manguera, comprueba la cantidad a cobrar y recibe
el dinero. Normalmente hay cuatro mangueras de gasolina y dos de diesel,
estas ultimas algo apartadas de las otras. Todavía no he visto
ningún coche, salvo los de los turistas, que llene su deposito
de gasoil. Al llenar, hay que ir con cuidado. Sale mucha cantidad y no
se para automáticamente. Si te distraes, rebosa y te pones perdido.
Para no repetir itinerario, abandono la carretera
principal y sigo por otras menos utilizadas, mas hacia el este. Pensaba
dormir en Murzuk, que durante cuatro siglos fue una de las más
importantes y peligrosas ciudades del Sahara. Hoy en día no queda
nada de su pasado. No hay hoteles ni camping. Me doy una vuelta, ya ha
anochecido, buscando un restaurante. Pregunto a varias personas que no
saben que contestarme. Por fin una me indica un lugar. Cuando llego, todos
los clientes están viendo un partido de futbol por televisión.
El encargado me dice que lo único que puede ofrecerme es pollo.
Pollo a secas, ni sopa, ni arroz, ni cous cous, ni macarrones, ni patatas,
ni tan siquiera pan, solo pollo. Abandono el pueblo, continuo carretera
adelante para llegar a Zuaila, a unos 160 kms., quiero ver unas tumbas
del siglo VII. Poco transito, varios desvíos. Pregunto a un vendedor
de fruta que encuentro a la entrada de un pueblo, para asegurarme que
sigo la dirección adecuada. De repente un desvío, por obras.
6 kms de polvo. Me cruzo con tres coches que mantienen la larga, en vez
de utilizar la luz de cruce. No lo entiendo, con polvo se ve mucho mejor
si quitas las largas. Llego a otro pueblo, rotonda y varias direcciones.
Me acerco a un grupo de jóvenes, pregunto y me contestan que ya
estoy en Zuaila. Hay un camping, pero a veces esta abierto, a veces cerrado.
Se sube uno al coche y me guía hasta una casa donde vive el dueño
del camping. No esta, pero no debo preocuparme, me ofrecen dormir en una
casa. “Muchas gracias, pero no”. “¿Dónde
hay un bar para comer algo?”. –“No hay”. Vale.
Devuelvo el chico al lugar donde lo había encontrado. Justo allí,
había visto un súper. Compro una torta de pan con muy buen
aspecto, una lata de atún y una Mirinda. Preparo un bocata especial,
arreglo la cama, ceno, leo un poco y me duermo en una plazoleta que parece
tranquila. Hoy he recorrido 750 Kms.
25 DE NOVIEMBRE 2007
Después de preguntar a dos personas y no
encontrar el camino a las tumbas, un coche que me cruzo se ofrece como
guía. Cuando las tengo a la vista, da media vuelta, se despide
y desaparece. Llego a un recinto vallado que encierra las tumbas, reconstruidas
por supuesto. Hay un gran espacio habilitado, al aire libre, en el que
deben celebrar algo en determinada fecha. No hay nadie, las tumbas son
como unos cubos de ladrillo y piedra, algunos, con una cúpula en
lo alto. El sitio se conoce como “Maqbara Sahaba”.
Continuo
camino. Llego al anochecer a Houn, uno de los tres oasis de Al Jufra,
en donde, según se anuncio en 1.987, debía levantarse la
nueva capital de Libia. Parece que el proyecto sigue adelante, ya que
he visto grandes avenidas con muchas edificaciones nuevas y urbanizaciones
con casas con muy buen aspecto, terminadas recientemente, unas ocupadas
y otras parecen esperar el momento de ser habitadas.
En Houn se encuentra el único hotel que hay
en cientos de kms a la redonda. No hay camping, no es zona turística.
Mañana continuare ruta hacia Bengasi. Esta lejos, no se donde dormiré.
Puedo elegir entre dos rutas, la distancia viene a ser la misma. La primera
me lleva a Sirt, ciudad en la que nació Muammar Gaddafi, en la
costa mediterránea, desde antiguo, importante puerto. A 17 kms
se encuentra el “Nahr Sinai”, el gran
proyecto de extraer agua del fondo del Sahara y llevarla por grandes tuberías
hasta un gran deposito desde el que se distribuye a las ciudades de la
costa con mayor necesidad de agua. Solo unos datos: más de 4.000
kms de tuberías de hormigón, de 4 metros de diámetro,
formando una red subterránea a 7 metros de profundidad, con una
capacidad de 6 millones de metros cúbicos. Sus detractores estiman
que el coste del proyecto es un gran despilfarro, que agotara los grandes
acuíferos del Sahara, ya empiezan a tener problemas en algunos
oasis. En Ghat me dijeron que los antiguos pozos están secos, ahora
hay que perforar hasta 400 metros de profundidad para encontrar agua.
Los lagos del Ubari se están secando. Mientras escribo, decido
que va a ser ese el camino que seguiré, el otro es por el interior,
supongo
que muy parecido al tramo que he cubierto estos dos últimos días.
Algo que me ha llamado la atención es que todos los pueblos están
unidos por carretera asfaltada, algunos tramos mejores que otros, pero
el mantenimiento de las carreteras, debe ser costoso. En general están
bien, sin dunas que las corten, algo habitual en Argelia. Todos los pueblos
tienen electricidad, grandes redes de torres metálicas se encargan
de distribuir energía eléctrica por todo el país.
Las antiguas medinas de adobe han sido abandonadas, se mantienen solo
como recuerdo histórico. Nuevas ciudades, casas y pisos, más
confortables se han levantado junto a las antiguas. Hablamos de un país
que es más grande que media Europa, dos veces mayor que Egipto,
el 95% de su territorio es desierto, el 20% lo ocupan las dunas. Solo
viven en ese gran territorio unos 6 millones de personas. Gracias al proyecto
de “Nahr Sinai” han desarrollado la agricultura ganando terreno
al desierto. Son casi autosuficientes alimentariamente. Desde luego los
inmigrantes, legales e ilegales, son mano de obra necesaria para seguir
el ritmo de crecimiento. El país esta creciendo rápidamente,
una vez finalizado el embargo internacional. Se ha renovado el parque
automovilístico, aunque todavía ruedan por las carreteras
viejos Peugeot 504. Toyota, Mitsubishi, Kia, Hiunday, sobre todo, sin
olvidar Mercedes, se reparten el goloso pastel.
Hoy, mientras cenaba en un restaurante del pueblo,
he visto, en una mesa cercana, a un grupo de trabajadores chinos uniformados.
Te los encuentras por todas partes, sobre todo si hay petróleo
cerca.
26
DE NOVIEMBRE 2007
Al salir del hotel he vuelto a poner gasoil. A partir
de ahora, cuando me quede poco combustible en unos de los dos depósitos,
llenare, así voy más seguro. No me apetece volver a esperar
el camión cisterna.
Me he decidido por la ruta de Sirt-Bengasi. Carretera excelente que, después
de superar una zona montañosa, transcurre por una gran planicie.
De repente, la carretera es parte de una pista de aterrizaje de aviones,
en perfectas
condiciones, pintada, de varios kilómetros de largo. Puede que
se utilice en caso de emergencia. No se, me ha sorprendido. Todas las
facilidades que me han dado en el paso por controles policiales en el
gran sur desaparecen al acercarme a la costa. No les gusta nada eso de
que no pertenezca a ningún grupo y viaje sin guía. Me han
parado en varios, comprobaciones, matriculas, pasaporte, “Carnet
Pasaje de aduanas”, seguro, llamadas por radio o por teléfono.
Mas o menos, media hora en cada parada, han sido tres. En otros cuatro
controles se ha arreglado el trámite en diez minutos.
No he entrado en Sirt, he continuado por la carretera principal que discurre
paralela a la orilla del mar, aunque alejada. El desierto llega prácticamente
hasta la orilla. Aquí el terreno se forma con un conglomerado de
matojos, arena y piedras. Veo que las gasolineras disponen de mas surtidores
y no hay colas de coches. Paso cerca de un gran complejo petrolífero.
Me parece ver en la lejanía, mar adentro, un muelle de carga de
combustible. Posiblemente también hay una refinería, ya
que he visto entrar y salir camiones cisterna.
Con las diversas paradas en los controles me he
retrasado, la noche me va a caer encima una vez más. Se suben dos
policías al Toyota para que les lleve hasta un control que esta
a 100 kms. Me piden el favor educadamente y por supuesto accedo, a ver
si así no me entretienen más. Cuando bajan del coche, supongo,
santa inocencia, que estoy a punto de entrar en Bengasi. Error. Se hace
de noche, la carretera se amplia a dos carriles en ambas direcciones,
con separación central, pero sin pintar. En la lejanía veo
luces, -“ya estoy cerca”. Los conductores que vienen de frente,
a pesar de mis avisos luminosos, no cambian a luz de cruce. Es pesado,
hay muy pocos coches que sigan la misma dirección que yo, además
van muy rápidos, prefiero no seguirlos. Nuevo control, espera corta.
“¿A cuantos kms esta Benghazi?” – “Solo
a cien, una hora”. Las luces continúan brillando en la lejanía.
Continuo, al final, la carretera incorpora reflectantes que marcan arcenes
y carriles. 50 kms mas y entro en la ciudad. Parece una repetición
de la entrada en Trípoli, suerte que no llueve. Grandes avenidas
iluminadas, cantidad de coches que circulan muy rápidos, puentes
que no sabes a donde conducen, rotondas en las que nadie cede el paso.
Veo un coche parado, me detengo detrás y pregunto a un hombre que
esta hablando, en cuclillas, con dos chicas veladas que están sentadas
en el interior. Busco un hotel recomendado por la guía. Parece
que esta cerca. Un giro a la izquierda al llegar al semáforo y
luego seguir la calle paralela a la orilla del mar. Al final lo encuentro.
Esta muy bien, muy limpio, barato (no llega a 15 euros), situado dentro
de un complejo con oficinas. Perfecto. Guarda en la puerta. Descargo y
me voy a cenar, andando, a un restaurante que había visto mientras
preguntaba por el Hotel. Bengasi me empieza a caer bien. Restaurante tipo
egipcio, especialidad
pescado. Eliges lo que quieres, lo pesan y lo cocinan según tus
preferencias, se acompaña con ensalada, babaganouh y patatas fritas.
Le pido al dependiente que elija un pescado como si fuera para el. Elije
una pieza de 25 ctms de largo, lo acompaño con dos calamares medianos.
No tengo ni idea de que pescado es, pero esta riquísimo. Para beber,
jarra de zumo de limón, para terminar, un te con menta. Precio:
no llega a 6 euros. Pega: hay que comer con las manos, no hay cubiertos.
Luego te lavas las manos en los dos lavabos que se encuentran en el mismo
salón, con jabón y papel de cocina, a modo de toalla, más
higiénico. Por la tele, puede verse Al Jazzira, varios analistas,
de distintos países, valoran esta última oportunidad de
arreglar el problema palestino.
Cuando llego al hotel, maldición, el enchufe
es distinto y no puedo conectar el ordenador. Mañana comprare uno.
Tengo batería. Me dice que en este momento me que queda hora y
media, voy a clasificar fotos.
27 DE NOVIEMBRE 2007
Salgo del hotel a las nueve y media, después
de desayunar atún, aceitunas y te. Deshecho un bollycao, queso
y mermelada. Sopla viento fresco, proveniente del mar. Las tiendas están
cerradas, parecer ser que levantan las persianas metálicas a las
diez. 
Empiezo el recorrido de la parte antigua de la ciudad,
la moderna no tiene interés, por el mercado más popular,
Al Funduq (en árabe, “el Hotel”). Incorpora un gran
recinto dedicado a la venta de frutas y verduras. Me paseo y fotografío
sin ningún problema, soy el único extranjero. La gente sonríe
y me saluda. Continuo por el zoco Al Jreed, ropa, zapatos, electrodomésticos,
perfumerías, especias…desemboco en la plaza de la Libertad.
Allí se levanta el antiguo Ayuntamiento, construido por los italianos.
Desde ese largo balcón que contemplo, hablaron a la multitud, en
tiempos pasados, Musolini y el rey Idris, Rommel arengo a sus tropas.
La plaza da paso a una calle porticada con tiendas. Todo forma parte de
una zona peatonal. Es agradable pasear por estas calles, con poca gente.
Llego a una tranquila plaza, con varios bares con terrazas. En los bancos,
bajo los árboles, se sientan algunas personas. Continúo,
llego a la Corniche,
salvando la calzada, con tráfico continuo, luego a un paseo con
palmeras que se asoma al puerto. Contemplo la antigua catedral que llego
a ser la mas grande del Norte de África, hoy es una mezquita, parece
falta de mantenimiento.
Hablando de calzada, aquí se pasa como en El Cairo, cuando hay
hueco cruzas, sin correr ni ponerte nervioso. La diferencia con Egipto
es que aquí los semáforos se respetan, pero hay pocos.
Son las dos y media, he estado cinco horas caminando.
Regreso por la Corniche, dos kms más. Se esta a gusto, continua
el viento, pero no es tan frio. Algunos chicos que hace rato han salido
del colegio todavía continúan sentados en un muro de piedra
contemplando el mar.
Antes de llegar al hotel descubro otro restaurante
parecido al de ayer por la noche, aunque este es turco. Más o menos
igual, pero al menú se añade un plato de pisto. El precio
similar, 6 euros. Me llama la atención que solo hay hombres comiendo,
bueno no solo comiendo, estos restaurantes también venden pescado
y los únicos que compran son hombres.
Amplio impresiones sobre el papel de la mujer en la sociedad libia. No
he visto en ningún lugar mujeres atendiendo al público,
ni en tiendas, ni en hoteles, ni guias. Tal vez las haya, pero no las
he visto, miento, vi una en Trípoli, en la Central de Correos,
me vendió los sellos de una carta. Otra en un local de Internet.
Los puestos de trabajo son para los hombres. No ves mujeres en bares o
restaurantes. En general se ven pocas por las calles, todas veladas. Las
vendedoras callejeras que montan su puestecillo ofreciendo artículos
de bajo coste parecen inmigrantes subsaharianas. Ojala el progreso les
abra las puertas de la independencia económica, pilar fundamental
de su libertad.
Ya en el hotel me dedico a la lectura, me apetece
descansar, después de la paliza que me he pegado estos últimos
días conduciendo
28
DE NOVIEMBRE 2007
Salgo a las nueve y media. Nublado y fresco. Compro
kilo y medio de plátanos, menos de un euro. Son de Ecuador, muy
buenos. ¿Quién me lo aclara? ¿No estamos en un mercado
de libre competencia? ¿Si no es competitivo el plátano canario,
por que se cultiva? O nos fríen a impuestos o los intermediarios
se forran, o las dos cosas a la vez. Por favor, iluminadme. Seguro que
hay explicación lógica que a mi se me escapa.
Quiero visitar Tolmeita, ciudad fundada por los
griegos en el siglo I, luego la ocuparon y desarrollaron los romanos.
En el siglo VII, con la invasión árabe, fue abandonada.
Solo se ha excavado una decima parte del área que ocupa y así
continuara durante mucho tiempo.
Sigo la carretera paralela a la orilla del mar,
a ambos lados se extienden campos de cultivo planificados. Las viviendas
son iguales, las distancias entre ellas semejantes, agua corriente, electricidad,
tractores y, que no falten, parábolas para recibir tv vía
satélite.
Como ya es habitual, falta señalización
en la carretera. Tengo que ir preguntando para encontrar el camino que
me lleve a las ruinas. Desde el pueblo, una calzada infame, polvorienta,
con muchos socavones que hay que sortear. Encuentro la entrada, pago por
el museo, por las ruinas y por la cámara de fotos. El museo es
pequeño pero guarda en su interior unos mosaicos espectaculares,
algunas estatuas y fragmentos de sarcófagos. Al salir, pregunto
donde están las ruinas. Me señalan una puerta abierta, lejana,
en medio del campo. Creí que estarían cerca del mar. Tengo
la impresión de que no va a merecer la pena.
Lo primero que encuentro son los restos de lo que
debieron ser tres arcos romanos que daban paso a la avenida principal,
columnas rotas por el suelo, bloques de piedra diseminados… Sigo
el mapa, intentado no dejarme nada. Poco a poco, mientras subo, bajo escalones,
me siento sobre la base de una columna, contemplo los restos de mosaicos
o de planchas fragmentadas de mármol, voy encontrándome
con el espíritu de la ciudad abandonada, entro en el mundo de las
sensaciones, no es solo lo que veo o toco, es lo que siento. Desde luego,
seria imposible rodeado de grupos de turistas, con guías que en
voz alta hablan de nombres, fechas y dioses, que, a mi pesar, olvido a
los diez minutos. Camino bajo los árboles, acompañado solo
por el sonido del viento al pasar entre las hojas. Incluso agradezco que
este nublado. La ciudad debió ser importante. Bajo el Agora de
los griegos, los romanos construyeron cisternas. Encuentro unos
escalones deteriorados que me permiten bajar, ver las galerías,
una pequeña puerta comunica dos de ellas. Unos pequeños
tragaluces hacen innecesario el uso de la linterna. Me acerco a lo que
queda de una iglesia bizantina, cruzo la puerta, con gran dificultad ya
que hay que sortear grandes bloques de piedra, de una fortaleza. Los grandes
muros de más de dos metros de ancho, construidos para resistir
el ataque de los enemigos y el paso del tiempo yacen quebrados e inútiles.
Paso tres horas recorriendo las ruinas. Es incomodo por la cantidad de
pedruscos esparcidos por el suelo. En ocasiones no tengo mas remedio que
caminar sobre ellos, mis pies empiezan a quejarse, no quisiera torcerme
un tobillo.
Regreso al coche, como tres plátanos, que
ricos. De nuevo a la carretera que se interna en Jabel Akhdar, unas montañas
cubiertas de arboles. Me acercare a Al Bayda, esta cerca de Cirene, que
visitare mañana.
Entro en la ciudad, busco un restaurante para cenar. Llego al centro,
dos calles principales, trafico caótico, tiendas de ropa, carnicerías,
peluquerías de hombres, muchas carnicerías y peluquerías
–curioso, ¿no?-, pero…. Restaurantes pocos y casposos.
Al final, aparco, camino, veo uno que en verano debes estar bien porque
tiene mesas en el jardín. Termino comiendo un bocadillo de hígados
de pollo muy sabroso. No hay como tener hambre, hígados de pollo.
Mirinda de costumbre y remato con un te y una sisha de manzana, mientras
veo por la televisión bailes típicos del país. He
aparcado en una calle de tiendas de ropa, han desaparecido todos los coches,
solo queda el mío. Sopla viento fuerte.
29 DE NOVIEMBRE 2007
Encuentro enseguida el camino a las ruinas de Cirene.
El día esta nublado, hace frio, que lastima. La entrada se encuentra
donde termina un bosque de eucaliptus que atraviesa la carretera. Pregunto
al guarda que me sitúe donde estoy en el plano que le muestro.
Después de dudar un poco, me señala el sitio exacto.
Breves
notas de historia. La ciudad fue fundada en el VII antes de Cristo, por
los griegos. Alcanzo su máximo esplendor en el siglo IV AC. En
el 75 AC pasó a ser una importante capital romana. Sufrió
2 terremotos, declino con la caída del Imperio y no pudo resistir
la ofensiva de los seguidores de Mahoma. Estas breves líneas encierran
siglos de prosperidad, cultura, riqueza, destrucción y abandono.
Al entrar, me encuentro de repente, sin esperarlo, ante una gran puerta
que da paso a un gran gimnasio y zona deportiva de los griegos, que los
romanos transformaron en Forum.
Empleo cuatro horas en recorrer el área arqueológica. Cirene
esta en una montaña. Ascendiendo a la Acropolis (solo cuatro piedras
y algún muro) se disfruta de una vista extraordinaria de la gran
llanura que se extiende, abajo, hasta llegar al mar. Sopla un viento fuerte
y frio, pero no me importa, estoy realmente impresionado por lo que estoy
contemplando. Hay tres zonas bien definidas que agrupan los restos de
la ciudad. La primera, Forum, Teatro, Odeon, casas de ilustres personajes,
la segunda, el Agora, la tercera,
algo alejada, el Templo de Apolo, baños romanos, un gran Teatro
griego, con capacidad para 1000 espectadores, que los romanos convirtieron
en Anfiteatro, y unas interesantes conducciones de agua. Supongo que recogían
el agua que se filtraba por las rocas de la montaña y la canalizaban
hasta la fuente sagrada de Apolo. Ademas hay cuevas en los alrededores
que fueron habitadas.
Supongo que los únicos que han hecho algo porque hoy en día
se conserven están impresionantes ruinas, como todas las anteriores
que he visitado, son los italianos. Y eso lo hicieron hace muchos años,
llegaron en 1911 y se quedaron hasta la segunda guerra mundial. Todavía
pueden verse muchos tramos de vías por las que desplazaban vagonetas.
Lamentablemente no se destina dinero, supongo, a la conservación
y limpieza de estas joyas arqueológicas. Latas vacías de
refrescos y atún, botellas de plástico, papeles, bolsas…
papeleras oxidadas que dudo que alguien vacíe de vez en cuando.
Una pena, una verdadera pena.
Como siempre, en Libia, lo mejor es que apenas encuentras otros visitantes.
Una pareja libia, una familia francesa y un matrimonio de la misma nacionalidad.
Estos últimos han dejado a sus hijos en casa y se han tomado unas
vacaciones en solitario que no repetían desde que se casaron. Les
acompaña un guía. La próxima semana pasaran a Egipto,
en la frontera les estará aguardando otro guía, en eso confían.
Es fácil que vuelva a verles, quieren acercarse a Siwa, en el desierto
egipcio.
Desisto de acercarme a Apolonia, otro enclave arqueológico
junto al mar, estoy saturado. Sigo la carretera de la costa con la intención
de comer algo en Derna, población de 110.000 habitantes, según
del censo de hace cinco años. Algo encontrare. ¿Algo?. Tiendas
cerradas, son las dos de la tarde, hasta las cuatro no abren. Solo cafés
y sishas. En un restaurante me dicen que el shawarma no estará
disponible hasta las cuatro. Pido un te. Les doy tanta pena que me invitan.
Sigamos, mejor llegar a Tobruk antes de que anochezca. Justito, justito.
Dando vueltas, me acerco a una zona que parece bastante animada, junto
a una gran mezquita. Aparco bien, seguro que encontrare un lugar agradable.
Media hora después empiezo a dudarlo. Todas las luces que parecían
indicar el sitio adecuado son de tiendas de ropa. Vuelvo a sorprenderme
por el gran número de peluquerías para hombres. Empiezo
a preguntar. Nadie sabe. Interrumpo a un grupo que está conversando.
Uno de ellos se ofrece a acompañarme, subo a su coche, totalmente
destartalado. Después de tres intentos, cafetuchos limitados a
hamburguesa o pollo, encuentra uno que por fin satisface mis apetencias.
“Quiero un restaurante que ofrezca sopa, arroz, carne, un restaurante,
no me gustan las hamburguesas”. Comprensivo y paciente, sonríe.
“¿Te gusta este?”.
Asiento, le doy las gracias, respira aliviado y desaparece antes de que
me arrepienta. Me enrollo con uno de los cocineros, al cabo de un momento,
hay cuatro hablando conmigo. Son tunecinos y argelinos. Preparan pizzas
en un gran horno. Tienen sopa. Me la sirven, seguida de ensalada, arroz,
patatas fritas, una especie de pisto y una carne a la brasa extraordinaria.
Pregunto por los servicios. Cuando subo la escalera que me llevara hasta
ellos, sale de la barra, uno de los camareros, corriendo, preguntándome
a donde voy. “Al Hamam”. “Ah, vale”. ¿Por
qué, ese control? Porque arriba hay otro comedor, con solo una
mujer cenando. ¿No se dan cuenta de que el día en que las
mujeres salgan a cenar fuera de casa duplicaran el número de clientes?
Mientras ceno, veo a varios hombres que compran los platos preparados
y se los llevan a su casa. Egipto, comparado con Libia, es Sodoma. Duermo
al lado de la Mezquita, lugar tranquilo…..hasta las cinco de la
mañana. El almuecín interrumpe mi sueño durante un
par de minutos.
30 DE NOVIEMBRE 2007
Es viernes, de ahí la tranquilidad y silencio
que reina en la plaza.
Me acerco a la playa. En un lugar tranquilo, ordeno, me lavo, afeito y
limpio cristales del coche. Después salgo en busca de los cementerios
de la II Guerra Mundial. He leído que el mas importante esta a
20 kms al oeste. Cuando veo alguna vía importante en esa dirección
la sigo. Así me meto en un atasco impresionante. “Por que
si hoy es fiesta”. ¿La causa? El mercado del viernes, una
especie de Rastro en el que se venden también trajes, calzado,
verduras, fruta, de todo… El atasco esta motivado por el empeño
de aparcar justo delante. Dejan el coche de cualquier manera, impidiendo
el paso. Un policía sonriente va haciendo gestos con la mano indicando
a los coches que sigan su marcha, pero no dice nada a los que se detienen
o a los que dan la vuelta saliendo en contra dirección. Media hora
para atravesar ese caos de doscientos metros.
Encuentro el cementerio, no hay guarda, pero la puerta esta abierta. Esta
cerca de un pueblo, a unos 500 metros. Una discreta alambrada, sin espinas,
delimita una zona limpia de piedras y vegetación, que circunda
el emplazamiento. Un muro de un metro de altura cerca el enclave en que
están enterrados 3,671 cuerpos, soldados que cayeron en la gran
batalla por la defensa de Tobruk, en 1941.
Lo que mas me sorprende es lo limpio y bien cuidado
que esta. En esta zona desértica, plantas y flores necesitan cuidados
constantes. El suelo, de arena esponjosa esta apisonado, al caminar quedan
las huellas marcadas, solo las mías. En cada lapida, esta grabado
el nombre, regimiento, nacionalidad y edad del fallecido. 994 pertenecen
a cuerpos sin identificar. En algunas puede leerse “Victima de la
guerra”. Aparece el cuidador, me enseña el libro de registro
en el que están los nombres y lugar exacto de la tumba de cada
uno. Lleva 25 años cuidando el cementerio. Me explica que cuando
yo me marche volverá a apisonar los lugares en que han quedado
mis huellas. El mantenimiento corre a cargo de una comisión de
la Commonwealth.
Después visito otros dos cementerios, uno
francés y otro de los aliados. También están impecables.
Son los lugares más limpios que he visto en todo el país.
Fuera de ellos, en los campos, cercanos a los escasos y distanciados pueblos,
las bolsas de plástico se aferran a las ramas para no ser arrastradas
por el viento.
Llego a la frontera. Mañana por la mañana la pasare, eso
espero. Encuentro a una pareja de neozelandeses. Van con prisa, quieren
pasar cuanto antes. Me dan una mala noticia. No se puede entrar en Siria,
no dan visados. Ellos quieren ir a Sudáfrica, por Sudan, Etiopia,
Kenya…. Han venido por Turquía. Al no poder entrar en Siria,
han tenido que continuar por Grecia, llegar a Italia, barco a Túnez,
Libia y de aquí a Egipto, para pasar luego a Sudan. Ya veremos,
intentare conseguir un visado para Siria en El Cairo.
ENVIADO DESDE MARSA MATRUH (EGIPTO) EL 2/12/2007
KILOMETROS RECORRIDOS HASTA LA FECHA 7.550
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