Crónica 20: del 16 al 22 de julio, 2008 (2ª)

India






Fathepur Sikri se encuentra a unos 35 kms de Agra. Fue la capital del Imperio Mongol, a finales del siglo XVI. Su gloria fue efímera, tan solo 14 años. Fue abandonada por falta de agua. Nos han quedado, en un excelente estado de conservación sus palacios y la gran mezquita.
Ignoro que vía utilizan los autobuses turísticos para salir de Agra. Yo he seguido la que indican mapa y carteles. Desde luego no es la misma. Por las calles que yo he pasado no pueden circular ni camiones ni autobuses, estrechas, llenas de gente. He tenido que cruzar tres vías de tren, por pasos con barreras. En los tres he tenido que esperar, eso si en primera línea. La barrera ha empezado a bajar, cuando iba a cruzar. He gozado de un espectáculo imprevisto. Hasta que no llega el tren, todo el mundo intenta superar el obstáculo. Gente, motos y rickshaws. Las barreras son bajas. Todos pasan. Les cuesta más o menos, pero pasan, no esperan. Inclinan las motos, se ayudan unos a otros. El paso de rickshaws exige práctica y una técnica depurada. Primero, la bicicleta, luego, se levanta, rueda delantera hacia el cielo, y se arrastra, sobre el suelo, la parte trasera. Son tantos los que quieren pasar a la vez que tienen falta de espacio para maniobrar.

Al llegar a Fathepur Sikri he comprobado que el tiempo pasa y las cosas cambian. Se ha cerrado el acceso a los vehículos para llegar hasta el Palacio y la Mezquita. Ahora hay un centro de visitantes. Parking, tiendas, bares. Han tenido el buen gusto de construir las edificaciones con el mismo material, arenisca roja, que los palacios. Un autobús cubre el trayecto, 5 rupias (7 céntimos de euro), evitando el esfuerzo de subir andando. El precio de la entrada se ha encarecido. 4 euros para los extranjeros. Ha mejorado el aspecto interior de la zona de los palacios. Césped cuidado, grifos de agua potable, servicios limpios.
Dejo volar la imaginación. Intento recrear la actividad que se desarrollaría en este recinto, en su época de esplendor. Akbar, que, en árabe, significa el más grande, llegó a tener 5000 esposas. En uno de los patios, jugaba al parchís, utilizando esclavas en vez de fichas. Todavía se aprecian las casillas finales y se conserva una losa, elevada, como centro del juego. Hay varios edificios singulares, además del gran palacio de Johd Bai. El Panch Mahal, con cinco plantas. Cuanto más alta, más pequeña. La última es un kiosco con cuatro columnas. La planta baja tiene 84, la primera terraza 56, la segunda 20, la tercera 12. En total 176 columnas finamente esculpidas con variadas ornamentaciones. El emperador se sentaba en la parte más alta, donde se disfrutaba, en verano, de la refrescante brisa nocturna. Las mujeres podían acceder a este edificio utilizando un pasadizo que llegaba desde el gran palacio.
El edificio del Tesoro, protegido por monstruos marinos, tallados en su interior. Mi preferido es el Diwan I Khas, Salón de las audiencias privadas, con una gran columna central que soporta cuatro puentes que confluyen desde las cuatro esquinas. Bella ornamentación esculpida en la roja piedra. Incorporado al edificio del Tesoro, la pérgola del Astrólogo. Hay que venir, a ser posible entre semana -hay menos visitantes-, pasear por las diversas estancias, sin prisa, admirar el esforzado trabajo de canteros y artesanos. Fathepur Sikri es una maravilla, una más, de las muchas que ofrece este sorprendente país.
Para terminar mi visita, me he acercado hasta la mezquita. Su puerta principal, la de la Victoria, construida para conmemorar una victoria militar de Akbar, tiene 54 metros de altura. En los pasillos internos, con sombra, gran actividad y muchos visitantes descansando.


Antes de abandonar Agra, quiero volver al Fuerte Rojo, a Itmad Al Daulah, conocido popularmente como el pequeño Taj, y acercarme a Mehtab Bagh, un parque nuevo, en el que se encuentran los cimientos del Taj Mahal negro. Aunque se haya visto anteriormente en fotografías y documentales, muy bien elaborados, el Taj Mahal, siempre sorprende a quien lo contempla por primera vez. Es perfecto. Se logró el punto justo de equilibrio. Un poquito más y parecería un pastel. Una obra única. El emperador mongol Sha Yahan lo construyó en recuerdo de su segunda esposa, Mumtaz Mahal, que falleció en el parto de su decimocuarto hijo. Las obras se iniciaron en 1631, finalizando 22 años después. El emperador hizo matar a la amada del arquitecto para que éste plasmara su dolor en la gran obra. Mármol blanco con incrustaciones de piedras semipreciosas. Una vez finalizado, inició, en la otra orilla del río Yamuna, su propio mausoleo, El Taj Mahal negro. Los dos grandes monumentos, blanco y negro, estarían unidos por un puente. El hijo de Sha Yahan no permitió tal despilfarro. Encerró a su padre en el palacio del Fuerte Rojo y pasó a ocupar el trono, después de derrotar a sus hermanos.

Antes de fallecer y ser enterrado junto a su esposa, Sha Yahan pasó ocho años en el palacio que se encuentra a pocos kilómetros del Taj Mahal. Desde una torre octogonal de mármol blanco, contemplaba su gran obra. Desde cualquier lugar de la torre, directamente, o sirviéndose de espejos bien orientados, siempre, en todo momento, veía el Taj Mahal. Esta torre y el palacio Khas Mahal, en el interior del Fuerte Rojo, están cerrados al público. Al igual que el Shis Mahal, palacio de los espejos. Yo recordaba todos esos lugares, extraordinarios. Intentaba volver a verlos. Me han informado que se cerraron al público hace unos veinte años. Comprendo las medidas que se toman para conservar, en el mejor estado posible, lugares tan especiales. Fui afortunado porque las imágenes de esos espacios se mantienen en mi mente y… en mi archivo fotográfico.

El Fuerte Rojo sorprende a todos aquellos que llegan a Agra, atraídos por el Taj Mahal. Es una fortaleza impresionante, con doble muralla, que llega a una altura de 20 metros. Su perímetro es de dos kilómetros y medio. En su interior hay una zona militar cerrada al público. Pueden visitarse los palacios, salas, jardines y mezquitas. Sha Yahan incorporó el mármol blanco a las rojas edificaciones del fuerte. Por supuesto es sobre ese material donde se encuentran las incrustaciones de piedras semipreciosas que adornan el palacio Khas Mahal.
También está cerrado el piso superior del pequeño Taj, la tumba de un visir del emperador Yahangir. El mausoleo es anterior al Taj Mahal, fue la primera construcción mongol en mármol y por primera vez se utilizó, en amplios espacios, la incrustación de otras piedras. Para llegar hasta esta tumba y luego, al nuevo parque, desde el que se goza de un punto de vista extraordinario sobre la fachada posterior del Taj Mahal, he tenido que enfrentarme, una vez más, al tráfico endemoniado de las estrechas calles de Agra, cruzar un puente y preguntar, en varias ocasiones, cuál era el camino a seguir.


He salido de Agra bajo un fuerte chaparrón. La misma salida que utilicé para ir a Fathepur Sikri. Los mismos pasos de vía de tren con barrera. La lluvia simplifica el trayecto. Han desaparecido los rickshaws, las motos y las bicicletas. Los últimos cien kilómetros transcurren por una autovía excelente. Hay que pagar peaje. Como no hay ruta alternativa, en las autovías te encuentras tractores con remolque, carros, autobuses locales, bicicletas y, por supuesto, rebaños cruzando la carretera y vacas pastando.
Poco antes de entrar en Jaipur ha dejado de llover. No me ha costado mucho encontrar el hotel, aunque he tenido que atravesar la ciudad. Está en una zona tranquila. Es agradable, catalogado como patrimonio cultural. Un empleado me da una mala noticia, tengo un neumático muy bajo. Le subo la presión y compruebo que tiene pérdida de aire. Cambio la rueda, ceno y salgo en busca de un taller donde reparar la cámara. Se ha hecho de noche. Si de día conducir en una ciudad es pesado, imaginad lo que ocurre de noche. Cuidado extremo, ya que ciclistas y rickshaws circulan sin luces. Con paciencia y cuidado, encuentro un tallercillo en donde me reparan la cámara. Regreso sin más sobresaltos, ya que he tenido la precaución de marcar las coordenadas del hotel en el GPS. Antes de acostarme, acompañado por la música que interpreta un grupo, junto a la piscina, termino de escribir este relato.

Enviado desde Jaipur el 23 de Julio, 2008
Kilómetros recorridos 35.932


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