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14 DE NOVIEMBRE 2007
Hoy dedico el día a seleccionar fotografías,
reducirlas, adjuntarlas al texto que voy a enviar Fernando. Por la tarde
me acerco al salón Internet. Funciona desesperadamente lento. Enviar
las imágenes me lleva unas tres horas. Cuando intento mandar el
texto, el ordenador se niega. Resulta que lo he escrito en Office 2007
y los ordenadores del lugar tienen instalados Office 10. Ya pensare como
hacerlo.
Al salir me encuentro con los franceses de los autocaravanas.
Me informan que no han encontrado gasoil y tienen que esperar a que llegue.
Yo no tengo ese problema, Tengo unos 130 litros en los depósitos.
No están preocupados. Lo mismo les da esperar en Ghadames, que
es un lugar interesante, por dos o tres días, que acampar en otro
lugar donde no haya nada que ver.
En uno de los pocos bares que hay encuentro un curioso
grupo. Dos libios, guía y conductor, que acompañan a un
inglesa que los ha contratado en Trípoli, durante diez días.
Primero los escucho, al cabo de un rato me acerco. Les pido información
sobre un lugar que han visitado, Methkandoush, pinturas rupestres, que
no quiero perderme. Ella esta todavía emocionada por lo que ha
visto. El conductor me dibuja un plano en mi cuaderno de notas. Es muy
preciso, me será de gran utilidad.
Uno de los inconvenientes de tener en mi ordenador
el último sistema operativo de Windows, Vista Home Premium, es
que no he podido cargar el programa que me sirve para diseñar rutas
y enviarlas a mi GPS. Les he escrito pidiendo ayuda, tardaran en contestarme,
así que mejor guardar cuidadosamente el itinerario aconsejado por
el conductor.
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DE NOVIEMBRE 2007
Cambio de emplazamiento, Abandono el hotel donde
acampaba, estaba a unos dos kms de la ciudad. Me traslado a otro junto
a la entrada de la Medina.
Vuelvo a intentar el envío de mi diario.
Después de imaginar varias soluciones, le pido al responsable del
lugar que me permita usar mi ordenador, conectándolo a su red Ethernet.
Duda, pero acepta. Tardo en conectarme, no reconoce la red. Por fin me
introduce las direcciones correctas y compruebo con gran satisfacción
que aparece en la pantalla de mi ordenador la pagina de “El Mundo”.
Prueba superada. Intento llamar por teléfono usando Skype, pero
la banda de trasmisión no solo no es ancha, es estrechísima.
No hay cómo (expresión guatemalteca que me encanta). Desisto.
Mandar el texto me cuesta más de media hora. De todas formas estoy
entusiasmado. Enviar fotografías y texto desde Ghadames, en medio
del desierto, a Madrid es un logro definitivo de la nueva tecnología
que ni se me hubiera ocurrido soñar la primera vez que vine al
Sahara, hace 34 años.
Los franceses de las autocaravanas han desaparecido, debe haber llegado
el gasoil. Supongo que los volveré a encontrar. El país
es muy grande pero las carreteras son pocas, siempre se vuelve a coincidir
en pueblos de paso obligado.
Como a las tres de la tarde un cous cous que me
sabe a gloria, no hay plato mas apetitoso, que aquel que se ingiere cuando
uno esta hambriento.
Vuelvo a encontrarme al conductor de la inglesa que debe estar visitando
la Medina. Se empeña en señalarme otra ruta que me parece
una locura, dos días por un mar de dunas y una planicie rocosa.
Le agradezco su interés. Esta última ruta pasara al archivo
de proyectos sin futuro.
El día ha amanecido nublado. Esa capa de nubes sobre el cielo de
Ghadames ha permanecido durante todo el día. Al llegar la noche
ha impedido que el calor diurno desapareciera. La temperatura ha bajado
unos grados pero no de forma brusca como ocurre habitualmente. Debido
a esa circunstancia, nublado, colores tristes, no he continuado mi paseo
por la Medina, lo dejo para mañana. Me he fumado una sisha y me
he ido a la cama temprano.
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DE NOVIEMBRE 2007
Continua nublado, incluso han caído unas
gotas de lluvia, mientras me tomaba un te.
No hay forma de cargar el programa del GPS en el
ordenador. Hay que solucionar el problema, iré mucho mas tranquilo,
cuando vaya a ver determinados lugares, si tengo las coordenadas precisas
que me permitirán saber siempre en que lugar me encuentro y en
que dirección tengo que continuar. Plan B, utilizare el segundo
GPS. Es mas laborioso introducir los waypoints manualmente que en el ordenador
y luego pasar la información al GPS, pero… peor es perderse.
Voy eligiendo y desechando posibles lugares que visitar. Hay muchísimos,
la mayoría no aconsejables para un coche solo con un conductor
que no conoce el terreno. Unos franceses me han recomendado la visita
al volcán. Otra locura. 700 kms de pista. El libro dice que se
exige un permiso especial, dos vehículos como mínimo y el
acompañamiento de un guía. Algo de aventurilla si hare.
Itinerarios de 100 a 150
kms., con algunas cadenas de dunas pero sin grandes dificultades, espero.
La diferencia con el desierto argelino, es que allí
las pistas que recorrí son el medio de comunicación terrestre
entre oasis. Aquí, los itinerarios mas utilizados son pistas, en
ocasiones sin señalizar que usan sobre todo los grupos turísticos.
Hay los que buscan sobre todo cruzar mares de arena, plan deportivo, y
los que centran su objetivo en contemplar los petroglifos y pinturas rupestres
que tienen una antigüedad de 4.000 años, plan cultural. También
pueden combinarse esas dos posibilidades. Es fácil confundirte
y seguir una pista técnica de las compañías petrolíferas
o de una cantera que te lleva a donde no quieres ir.
Por la tarde he paseado un poco. No hay nada que
ver a excepción de la Medina. Un par de calles muy cortitas con
zapatería, perfumería, supermercados con oferta muy limitada,
ferretería… En un cuarto de hora, visto. He aprovechado para
comprar algunas cosas, aumentando mi despensa. A las nueve de la noche
no se ve a nadie por la calle. Alguna sombra o un 4x4 que se dirigen al
bar donde estuve ayer fumando una sisha.
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DE NOVIEMBRE 2007
He salido a las diez de la mañana. Esta noche
pasada el termómetro ha llegado a los 7º. Cuando sale sol,
a mediodía, se llega a los 23º.
Este es mi último día en Ghadames.
Vuelvo a la Medina para ver la parte que no visite el primer dia. Lamentablemente
he perdido el factor sorpresa. Se que lo que voy a ver será mas
de lo mismo, diferente –no hay ninguna casa igual a otra, pero conservando
las mismas características. Recorro lo ya conocido sin
perderme, llego al lugar en que interrumpí la visita y regresan
las dudas. ¿Derecha o izquierda? Es igual, primero iré a
hacia la derecha y cuando vea que me salgo del recinto, regresare y continuare
por el otro camino. Siempre encuentras referencias que te ayudan a saber
donde te hallas. Veo nuevas plazas, nuevos callejones, con puertas adornadas,
nuevas salidas al palmeral. De repente me encuentro con un bar especial.
Música autóctona, una parte bajo techado de troncos y hojas
de palmera y un, llamémoslo, jardín, suelo de fina arena,
con decoración tuareg. Lo mejor del lugar es que el único
extranjero soy yo. Desde luego no hablan ni ingles, ni francés.
Me siento a la sombra de una palmera, entre sus hojas veo el cielo azul,
despejado. Paso un rato muy agradable, tomando te verde con menta, contemplando
como riegan todas las plantitas que intentan sobrevivir bajo un sol, que
en verano debe ser abrasador. No parece que sigan ningún método
u orden de riego. Lo van haciendo con calma. Lo interrumpen de vez en
cuando para tomar te y charlar con los clientes-amigos. Antes de irme,
tomo unas fotos del bar. Se las enseño al responsable, ignoro si
el dueño. Al verlas, le gustan y decide enseñarme su casa.
Cuando entro, ya veo que no es una vivienda habitada. Es semejante a la
otra que vi pagando dos dinares. Una escalera que lleva a un salón
central, del que salen otras escaleras que llevan a las habitaciones y
al terrado. El baño, limpio, con ducha, alicatado hasta el techo.
Es la casa de su familia, pero ahora viven en la ciudad nueva. Supongo
que gozan de mayor confort, pero yo preferiría la casa antigua,
alfombrada, fresca en verano, con vistas al palmeral.
Regreso al hotel. Me paso un buen rato introduciendo
todos los way points de los lugares que quiero visitar en mi GPS. Al caer
la noche baja la temperatura. Ceno en el interior, el dueño me
pone el calefactor de aire y enciende la televisión para que vea
clips musicales árabes. Llega un grupo de turistas holandeses,
me retiro acercándome al salón Internet, donde compruebo
que mi web continua sin estar operativa.
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DE NOVIEMBRE 2007
Me levanto temprano para salir a cubrir una gran
distancia. Desechado el paso por la pista que en principio quería
seguir, sigo por la carretera que me llevara hacia el sur. Tengo los dos
depósitos llenos. Una desventaja de no llevar copiloto es que tengo
que mirar los mapas. Esta vez cometo la tontería de no hacerlo
y en un cruce, me equivoco y regreso por la carretera por la que llegue
a Ghadames. Hay pocos pueblos. Cuando veo el primer cartel me doy cuenta
de mi error. 125 kms. Media vuelta para volver al cruce. 250 kms de paseo.
El paisaje es monótono, desierto. La carretera, rectas interminables.
Voy escuchando música, pero no me distraigo, en cualquier momento
puede suceder lo inesperado, como encontrase dos camellos en mitad de
la calzada, como si estuvieran
conversando. No hay arena sobre el asfalto, en general las carreteras
están bien. Cuando cae la noche me sorprende una puesta de sol
espectacular, el cielo cubierto de nubes que se van tiñendo de
rojo a granate oscuro a medida que el sol se oculta. Casi mil kilómetros.
No me gusta conducir de noche, pero aquí no hay carros, ni gente
andando, las vías son anchas. En ocasiones, pintadas, en otras
con reflectantes que marcan perfectamente las dos vías. Es bastante
seguro. Llego muy tarde a Brak, ceno un bocadillo con carne que me sabe
a gloria, lleno los depósitos en la gasolinera. Aparco, allí
mismo, en un lugar resguardado y me duermo como un angelito.
19
DE NOVIEMBRE 2007
Me lavo y afeito en el servicio de la gasolinera.
Con mi propio espejo ya que ¿para que se necesita un espejo en
los lavabos de hombres de una gasolinera? Excuso decir que allí
lo mas que se hace por mantener limpios los retretes y lavabos es regar
con manguera. Imaginad el color que ha ido tomando todo con el paso de
los años. Gran Reserva. Por supuesto no hay lavabos para las mujeres.
Salgo en busca de una Necrópolis que anuncia
la guía. Sigo los way points que había introducido en mi
navegador. Al principio va bien, pero en cuanto las pistas se cruzan,
pasando por terrenos arenosos, con grandes piedras, con montículos,
zanjas y vallados, la cosa se complica. Ves trazos de neumáticos
que siguen la dirección correcta. Los sigues. Empiezan a desviarse,
ves que la distancia que te separa del punto al que quieres llegar aumenta.
Das media vuelta, pruebas otra pista, te encuentras una gran piedra en
el camino cortando el paso. Te empecinas. Al final llegas. Cuatro piedras
rodeadas de maleza. Tres horas perdidas. Bien. Continuemos. Vamos en busca
de los lagos de Ubari. Unos lagos en mitad del desierto que vale la pena
ver. Me acercare a los dos primeros, recomendados, fácil travesía,
lagos rodeados de palmeras entre dunas. El sueño
del oasis perfecto. Busco y encuentro un camping cercano a mi primer way
point. Así saldré pronto por la mañana, la arena
esta más dura, mas fácil para franquear zonas de fesh-fesh
o arenas blandas. Hago la colada, utilizando el jabón Lagarto que
he traído desde España. Las dunas están cerca. Estoy
solo en el camping. Leo un poco, ceno y me acuesto.
20 DE NOVIEMBRE 2007
Salgo a la nueve y media. Llego al primer way point,
con algunas dudas, pero sin mayores problemas. Tengo marcados 20 para
llegar a los lagos. Parece ser que están cerca, a unos 25 kms.
el primero, Mandara, y a cinco mas, el mas bonito Umm Al Maa. Conduzco
sobre arena. Antes de tener mayores problemas, deshincho los neumáticos
a un kilo, conecto las ruedas delanteras para poder utilizar, cuando sea
necesario, tracción a las cuatro ruedas y sigo en busca del way
point numero dos. Parece claro. Varias roderas se encaminan hacia una
duna. A una de las muchas que forman una barrera que debo franquear. Palanca
de cambio, tracción a las cuatro ruedas, segunda a tope y duna
para arriba. Cuando llego a la cima, un segundo y el vacio delante de
mi. Se me hiela el corazón y freno. Nunca había experimentado
una sensación semejante. Es fuerte, muy
fuerte. Es como asomarte a un precipicio sin poder agarrarte a nada. Quedo
en la cresta, clavado. He subido por la zona de pendiente suave y al otro
lado me encuentro un descenso de una duna de unos 80 metros de altura
con una pendiente de unos 70 grados. A unos cuatrocientos metros un camping.
En medio de un circo de dunas. Es como si estuviera en la corona de un
volcán y allá abajo viera el camping. He hecho lo que no
se debe hacer. Frenar. No lo esperaba, no he reaccionado. En ocasiones
he subido y bajado dunas, pero nunca de esas alturas y desniveles. Las
ruedas de delante no tocan el suelo, las de detrás están
hundidas y el coche se apoya en la cresta de la duna. Imposible sacarlo.
Lo intento, pero un puedo. Si saco la arena de debajo, el peso del coche
hace que vuelva a apoyarse otra vez sobre la arena. Tendría que
ir quitando mucha, con paciencia, hasta que fuera inclinándose
hacia delante, hacia la gran bajada. Los del camping me han visto, acuden
a ayudarme, son seis fornidos hombres acostumbrados a este tipo de situación.
Me dicen que no me preocupe, que lo sacaran. Intentan todo, retirando
arena, empujando, hacia atrás, hacia delante, me pongo también
a sacar arena, no hay forma. Uno de ellos es conductor experimentado.
Me dice que la única solución es bajar. Que el bajara el
Toyota. Vale. Comprendo que no hay otra solución, mejor que lo
haga el. A la hora hora y media, logran que el coche se incline hacia
delante. Dos de ellos se suben detrás para hacer mas peso en la
parte trasera. Al llegar abajo, sale el conductor y lanza un grito de
victoria. Los demás bajamos, llenándonos de arena finísima.
Una vez en el camping que pertenece a una compañía
que organiza viajes por el desierto me ofrecen agua fresca y ducha. No
hay ningún grupo. Forman un conjunto curioso, hay gente de Nigeria,
Argelia, Mali, el responsable es un chico egipcio, joven, que se distingue
enseguida, educado, habla ingles, francés, italiano y por supuesto
árabe. El único libio es el conductor.
Veo que no solo va a ser difícil ir a los
lagos. ¿Por donde saldré de aquí? Estoy rodeado de
dunas. “No te preocupes, por allí es mas fácil”.
“Si quieres te llevo a los lagos, en tu coche y me das lo que te
parezca, sin problemas”. Salimos del camping. Tercera, segunda,
tracción a las cuatro, tercera, segunda, subiendo, bajando dunas,
segunda, reductora….. clavados en el fesh-fesh. Intentamos sacarlo,
planchas de goma, bloqueando diferenciales, nada. “Mira –le
digo-, como estamos cerca del campamento, ve andando a buscar ayuda y
que nos saquen con otro coche”. Le doy una botella de agua. Espero,
escuchando música. Media hora
mas tarde oigo el motor del coche, ponemos una de mis eslingas, arrastran
un poco y salimos. Regresamos al campamento. A mi me fastidia no ver los
lagos, estando tan cerca. Al Toyota le falta potencia y neumáticos
adecuados para superar estas dunas. Sus coches llevan motor de gasolina
y neumáticos especiales para arena, además pesan menos.
“¿Cuánto me costaría que me llevarais al Mandara
y al Umm Al Maa, en uno de vuestros coches?” – “Cuatrocientos
dinares, (228 euros) es muy barato”. “Yo no puedo pagar eso”
– “Conozco otro camino por el que llegaremos con tu coche
sin problemas”, me dice el conductor. -“¿Seguro?”,
le respondo. “Seguro”, me contesta. De todas formas mejor
que venga otro acompañante y nos llevamos un bidón de agua.
Yo no hubiera podido llegar. El sabía y conocía
el terreno. Conducía muy bien. Buscaba los lugares para atacar
la subida de las dunas. Las bajadas impresionan, pero no encontramos ninguna
de la magnitud en la que me quede clavado. Los lagos son espectaculares.
Mejor dicho, el Umm Al Maa, rodeado de dunas, con palmeras reflejándose
en el agua de un color azul intenso. Por la noche debe ser diferente,
es la hora de los mosquitos. Se aconseja acampar a los que así
lo decidan a una distancia no inferior a un kilometro. En ese lugar sorprendente,
bellísimo por su emplazamiento, puedes encontrar artesanía
tuareg. Bajo unas palmeras, tienden sus mantas dos tuareg -no se donde
vivirán-, ofreciendo collares, pulseras, bolsos.
El otro lago, Mandara, esta seco. Solo hay barro en su centro. Antes vivía
gente en un pequeño poblado del que apenas quedan unas casuchas.
Tal vez vivan ahí los tuareg vendedores. Veo camellos pastando.
Si, seguro que viven ahí. Deben ir al otro lago por la mañana
y vuelven al atardecer.
Regresamos al campamento siguiendo más o
menos el mismo itinerario. No nos clavamos en la arena ni una sola vez.
Les agradecí a todos su ayuda. Al conductor le di 50 dinares (unos
30 euros) y a los otros 20 dinares a repartir. Todos estaban contentos
e incluso me acompañaron con un coche para sortear las dunas y
pasar al otro lado.
Debo tener un ángel de la guarda o a alguien que me protege y cuida
de mi. Alguien que me quiere bien. ¿Qué hubiera pasado si
no me ven los del camping? Nada grave, pero hubiera tenido que ir a buscar
ayuda a pie, dejando el coche en lo alto de la duna. ¿Qué
hubiera pasado si eso me ocurre en el camino a los lagos? Hubiera tenido
que trabajar hasta sacar el coche del atolladero, siempre sale, pero a
veces con gran esfuerzo o esperar a que pasara alguien, siempre hay alguien
que va a los lagos, por eso están los tuareg con su puestecillo.
De lo malo hay que sacar experiencia. No más dunas yendo solo.
Ahora comprendo por que me miran todos sorprendidos cuando les digo que
viajo solo. Lo que les sorprende no es que vaya solo, sino que no forme
grupo con otros coches.
Por la noche me alojo en otro camping cercano, clasifico
fotografías. Me acuesto temprano porque se corta el suministro
eléctrico. En la cama, antes de dormirme, revivo todo lo ocurrido
durante el día. Ha sido gratificante, he aprendido, porque eso
es lo que ofrece el viaje, lo inesperado, sensaciones, vida. Luego, ducha,
sopa, cous cous con cordero –que bueno-, noche despejada, luna casi
llena, y mañana…. Al Methkandoush.
21
DE NOVIEMBRE 2007
Tengo el plano, tosco, apuntado en unas hojas de
mi cuaderno de viaje, de la ruta a Methkandoush, que me dibujo el conductor
que conocí en Ghadames. También los way points de esa ruta,
sacados del libro “Itinerarios GPS del desierto de Libia”.
Ahí no hay dunas. A las nueve y media estoy cruzando el control
militar que hay al principio de la carretera que conduce a Methkandoush.
“¿Solo?”. Miran mi pasaporte. Esta en regla. Retiran
el bidón y me dan paso. Hay una carretera estupenda, bien asfaltada,
pero dura poco, unos 15 kms. Después los restos de una antigua
carretera, rota, con una terrible “tôle ondule”, sin
escapatoria posible por ninguno de los dos lados ya que esta bordeada
de una planicie cubierta de arena y piedras negras por la que es imposible
circular. Solo son treinta kms. Después una bajada a una gran llanura.
Hay numerosas marcas de neumáticos que huyen de la carretera, sigo
una de ellas, tal como indica mi mapa. La dirección del GPS avala
la decisión. Un gran placer correr por la llanura, eligiendo el
camino.
De vez en cuando hay zonas arenosas blandas que
no causan mayor problema que el polvo que levantas al cruzarlas. Veo un
par de camiones a un kms de distancia, siguiendo el mismo camino. Una
línea recta, señala el horizonte. Parece que no avances,
pero puedes ir rápido. Voy en quinta a 100 kms. por hora. El mapa
coincide con todo lo que voy encontrando. Cuando llevo recorridos unos
110kms, aparece una especie de campamento. Esta en el mapa. Pregunto a
un tuareg y me dice que me faltan unos 25 kms. Ahí me equivoco.
El tuareg me señala la línea recta, el mapa me indica que
vaya a buscar la carretera. Sigo la indicación del tuareg. Llego
a otro lugar siniestro. En medio de la nada, como un desguace de motores,
hierros, barracas… Veo a un hombre que me dice, diez kms más
y llegara. Pero no he ido por la carretera, voy por una pista entre piedras,
cada vez más difícil, con subidas y bajadas. Por ahí
no pasa nadie, apenas hay huellas de neumáticos. Para colmo el
GPS me dice que estoy yendo al revés. Tal vez sea por la mala experiencia
de ayer, pero decido dar media vuelta. Al llegar al campamento del tuareg
puedo volver a tomar la buena ruta, solo son 25 kms., pero he perdido
el humor. Quiero volver. Entre esas mil posibilidades que ofrece la planicie
voy escogiendo la que me permita huir más kms de la “tôle”.
Tanto me voy apartando de la carretera que empiezo a ver un paisaje diferente,
unas colinas que no vi antes. Vuelvo a encender el GPS y le pido que me
indique la ruta que he hecho. Es una función muy útil. Es
como tirar miguitas de pan. Siempre puedes volver por el mismo camino.
Efectivamente me estoy desviando. Corrijo y vuelvo
a encontrar la carretera. Ya sin mas contratiempo, vuelvo a pasar por
el control y decido continuar hasta Ghat. He de poner gasoil, no quiero
apurar. Quedarse sin combustible, tal vez de noche, en una carretera del
desierto no debe ser una buena experiencia. En la gasolinera, “mafish”,
no hay. “En Ubari”. 20 kms. mas y “mafish”. Bien,
esperare. Dejo el coche delante del surtidor y me voy a un café
cercano. Como, leo un rato. Cuatro horas. En realidad, llega el camión
a las tres horas, pero el conductor se pone arreglar un faro, antes de
iniciar la descarga. Paso el rato hablando con uno que se me acerca luciendo
una camiseta del Che Guevara. Es su ídolo. “Un hombre que
lucho por la libertad de los pueblos, ya no hay lideres asi”. Habla
francés, italiano, ingles. Esta bien informado, es bereber. Me
razona que todos los males los ha provocado Europa. “¿De
donde llegaron los invasores de América, de África o de
la India?”. Hablamos de injusticias sociales, de los palestinos
masacrados, del racismo, de Libia. Es algo que ya me han comentado anteriormente.
“Los bereberes, los tuareg son los primeros habitantes de estas
tierras. Luego vinieron los invasores. Los árabes, los italianos,
colonizaron. Las clases dominantes no son originarias de estas tierras.
No quiero irme de aquí. He podido y no he querido ir a Europa.
Quiero vivir en mi país, pero el reparto y las ayudas a la industria
o la agricultura no son iguales para todos. A los bereberes y tuareg se
nos discrimina”.
En la espera que es larga, como la cola de coches
que se va formando, me encuentro con unos franceses que conocí
en Ghadames. Les cuento mi experiencia de los lagos. Ellos conocen esa
zona, ya que han atravesado el desierto tal como yo quería hacer
en un principio. Me dicen que es una locura hacerlo en solitario. Ellos
son un grupo de amigos, con tres todo terreno, que han venido en anteriores
ocasiones a Libia y que han tenido bastantes problemas para superar algunas
zonas. Tienen experiencia viajera, hemos hablado de otros lugares de África
y me han preguntado por Namibia y Mozambique. “Tal vez volvamos
a vernos, cuídate”.
Con los depósitos llenos, salgo en dirección a Ghat. Empieza
a anochecer, pero me encuentro bien. Música y carretera. Llego
a Ghat a las once de la noche. Me doy una vuelta por la ciudad (¿qué
es una ciudad para nosotros? ¿Vendrell? Vendrell es mucho mas grande
que Ghat), busco un camping, pero por la noche no encuentro nada. Aparco
en el centro, en una especie de plaza-aparcamiento. Se me acerca el conductor
de un coche que me ha visto en una y otra dirección y me pregunta
se necesito ayuda. Le digo que buscaba un camping pero no debe preocuparse
por mí. “Muchas gracias, mañana lo encontrare. Dormiré
aquí” Y ahí me quedo. En el centro. Me duermo a las
doce.
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