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Los días pasado en el camping “Sugar
Beach Club” han sido muy agradables gracias a la suma de varios
factores, entorno, clima, temperatura, pocos acampados, buenos servicios,
empleados eficaces, atentos. Los artífices de que todo funcione
armoniosamente es un matrimonio encantador, formado por un turco y una
cubana. Además del camping, en la laguna de Olüdeniz, tienen
un restaurante-discoteca en el cercano pueblecito de Belcekiz. Consiguieron
que me sintiera a gusto, participando en la cena de inauguración
de temporada que ofrecen a todos sus empleados, 50 en total, 25 en el
camping, 25 en el restaurante. Todo preparado para recibir a turistas
y veraneantes.
Olüdeniz esta ubicado en la península
de Licia. Esa zona conserva numerosos restos de las diferentes culturas
que, en diferentes épocas, se asentaron en su costa y en el interior.
Antes de iniciar el recorrido por la carretera que sigue paralela a la
costa, en donde se encuentran interesantes muestras de ese pasado, me
acerco a Kayakoy, un pueblo abandonado, desde la década de 1920.
Gracias a Ataturk, Turquía logro la Independencia. En 1923, se
firmaron tratados que establecieron el realojo de distintas comunidades
griegas y turcas. Los griegos de Kayakoy fueron trasladados a un área
cercana a Atenas. 2000 casas de piedra quedaron vacías, solo unas
pocas fueron ocupadas por nuevos residentes.
El
antiguo Kayakoy se ha convertido en una oferta turística más.
Se conservan, en buen estado, dos iglesias. Hay algunos bares, restaurantes
e incluso un hotel rural. El valle encierra campos de cultivo, entre los
que se levantan modernas casas con placas solares. Pasear por las solitarias
calles de la ciudad abandonada es como recorrer las ruinas de una ciudad
bombardeada. Han acondicionado algunos tramos, con escalones, para facilitar
el acceso. El tiempo y el abandono, sumados a las inclemencias del tiempo,
forman la más eficaz y barata compañía de derribos
que existe. Primero cae el tejado, luego los techos y al final las paredes.
La vegetación termina el trabajo. Las semillas que transporta el
viento se convierten en plantas y arbustos, levantan las piedras de las
calzadas y cubren restos de paredes. Para evitar que ese fuera el fin
de Kayakoy, el Ministerio de Cultura otorgo al pueblo el rango de Monumento.
Se observan las capas de cemento que logran conservar las paredes. El
entorno, a pesar de todo, es relajante. Las flores crecen por doquier.
Llegan pocos grupos que siguen un itinerario corto hasta las dos iglesias
que se conservan en un estado aceptable. Después de las tres horas
que he empleado en mi visita, he continuado observando el pueblo, encaramado
en las laderas, mientras comía en un restaurante sencillo, bien
adaptado al escenario.
El
camino de la costa, desde Olüdeniz, pasa por Xanthos, la antigua
capital de Licia. Fue arrasada por los persas en el siglo VI a.C. Sus
habitantes antes de ser capturados, después de ofrecer una feroz
resistencia, decidieron inmolarse y quemar todas sus pertenencias, casas
incluidas. Solo sobrevivieron 80 familias. Hay dudas al explicar por qué
se salvaron. Unos dicen que estaban lejos de la ciudad, pastoreando sus
rebaños, otros que se trataban de familias de clase alta que huyeron
antes de que el ejército enemigo cercara la ciudad.
Alejandro Magno, expulso a los persas, luego llegaron los romanos. Una
vez más, en el 42 a.C., Xanthos resistió, luchando hasta
la muerte. Bruto solo pudo capturar a 150 hombres y una mujer, los únicos
supervivientes. Luego formo parte del Imperio Bizantino. Mas tarde, en
el siglo XII de nuestra era, la invasión árabe, selló
el fin de la ciudad. Gracias al trabajo que iniciaron en 1950 arqueólogos
franceses, podemos contemplar parte de lo que llego a ser Xanthos. En
la zona arqueológica se encuentran retazos de las culturas que
dominaron ese espacio. Todo esta mezclado. Cerca del teatro y el Agora,
destacan unos pilares funerarios que sustentaban sarcófagos. Los
ingleses pasaron y se llevaron algunas “cosillas” para el
Museo Británico, los relieves del “Pilar de las Arpías”
que he podido ver, son copia.
Se
conserva, del siglo V a.C., una parte del Pilar de las escrituras, en
el que pueden verse las inscripciones más extensas, que se conocen,
de la lengua licia. Luego, alejándome del teatro, he seguido un
camino que me ha llevado hacia tumbas, sarcófagos y murallas. Plantas
y flores han cubierto algunos senderos. En ocasiones sigo el trazo de
anteriores caminantes para poder acercarme hasta una tumba o para encontrar
el paso que me permita superar los restos de muralla. Parece un juego.
Sigue la pista y llegaras a algún sitio interesante. Las tumbas
ofrecen un diseño lineal, sin curvas. Solo en algún sepulcro
pueden verse representados los troncos que deberían utilizarse
para soportar techos.
Dejo
Xanthos para acercarme a Patara. Me lo han recomendado porque allí
se encuentra la playa mas larga del país, 20 kms. Esta en el camino,
voy a acercarme. Me llevo una grata sorpresa cuando compruebo que antes
de llegar a la playa, he de atravesar una zona arqueológica. En
la antigüedad los romanos construyeron un puerto que llego a ser
el más importante de Licia pero, durante la Edad Media, se enfango,
convirtiéndose en un pantano. En cualquier otro país, esas
ruinas serian magnificadas, registrando gran afluencia de visitantes.
En Turquía hay tantas, y tan interesantes, que, para la mayoría,
Patara es solo una playa. Dejo el Toyota en el camino y me acerco a la
Puerta Triunfal de entrada. Cerca, una necrópolis licia. Mas allá,
el Teatro. Desde lo alto, contemplo todo el área. Templos, un Odeon,
parte de una calzada con columnas, restos de una Basílica, infinidad
de fragmentos de piedra, algunos ordenados, que deberían colmar
de placer a los aficionados a los rompecabezas. Siguiendo los caminos,
voy de un lugar a otro. Viendo la calzada, parcialmente cubierta de agua,
y el barro, no del todo seco, de los senderos, pienso que he tenido suerte.
Muchos días debe ser imposible acercarse a algunos de estos lugares.
Pasada
la zona arqueológica, se llega a un aparcamiento. Desde allí
a la playa, un paso peatonal de madera, 200 metros, entre arbustos, que
evita el agotador caminar sobre arena. Realmente es una gran playa. Aquí
hay espacio para todos. Los niños pueden jugar sin molestar a nadie.
Claro que en verano la arena debe abrasar. Un único bar-restaurante
con limitada oferta. Llego hasta una de las puntas, un enclave rocoso
al que subo para poder disfrutar de un buen punto de vista.
Sigo
por la carretera junto al mar. Excelente anchura y asfaltado, pintada,
con arcenes. Algo pesada por las numerosas curvas, encadenadas unas a
otras. Las montañas llegan hasta el agua. De vez en cuando, un
cañón permite la formación de una playita. Paso por
Kalkan, un antiguo puerto pesquero, convertido en refugio de temporada
para clases acomodadas. Cuenta con un puerto deportivo. Las laderas de
las montanas que lo rodean van cubriéndose de hoteles, villas y
apartamentos con excepcionales vistas sobre la bahía. Antes de
llegar a Kas, veo cercana la isla griega de Meis, casi pegada a la costa
turca. Encuentro un camping, bajo los árboles, junto a la carretera,
con wifi, playa propia. Comparto vecindad con tres autocaravanas francesas,
muy separadas unas de otras.
Un
lugar que no quiero perderme en Licia es Myra, que llego a su esplendor
en el siglo II de nuestra era. De esa época es la necrópolis
excavada en una pared rocosa que quiero contemplar. Otro gran monumento
es el Teatro, de los mejor conservados de Asia Menor. Myra esta cerca
de la ciudad de Demre. Es una ciudad prospera gracias a la agricultura
industrializada. Grandes extensiones de tierra, están ocupadas
por invernaderos en los que, mayormente, se cultivan tomates. También
en Demre, se encuentra la sepultura de San Nicolás, nacido en Patara
en el año 280. Llego a Obispo de Myra. Después de su muerte,
se le atribuyeron varios milagros, creció su devoción. Se
le honra como patrón de Rusia, Holanda, Italia y diversas ciudades.
De San Nicolás, surge el personaje de Papa Noel. Sus restos descansan
en Bari, a donde fueron transportados por unos mercaderes italianos, después
de la invasión de los musulmanes.
Es sorprendente encontrarse en una plaza, en el centro de la ciudad, un
monumento dedicado a “Baba Noel”, como se le conoce en Turquía.
La peregrinación de turistas rusos hasta la iglesia de San Nicolás,
antigua Basílica, restaurada por el Zar Nicolás II, en 1862,
es incesante. Los grupos se componen de personas que se fotografían
junto a “Baba Noel” y de las que, en actitud piadosa, se acercan
a tocar el sarcófago vacío de San Nicolás.
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