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Siguiendo
un caminito que se abre paso entre flores, llego hasta el estadio, 262
metros de largo por 59 de ancho, con capacidad de 30.000 espectadores.
Se celebraban juegos atléticos. En uno de los extremos del campo
se habilito una zona para la lucha entre gladiadores. En sus gradas, pueden
verse losas con inscripciones que señalaban espacios reservados
para gremios o personajes. En esta época, la hierba crece entre
el graderío. También cubre en su totalidad la arena, que
he recorrido de un extremo a otro. Nunca había visto uno igual.
Es fácil imaginarlo lleno en una competición de atletismo.
Pasear
por los distintos senderos que llevan hasta los monumentos de Afrodisias
es un verdadero placer. Llegar hasta el templo de Afrodita, que fue convertido
en Basílica, en el siglo V, los baños de Adriano, el bellísimo
Odeon, el Agora, el teatro, la Palestra, rodeado de amapolas, margaritas,
con la única compañía, esporádica, de desconfiadas
ardillas, hacen que me sienta una vez mas afortunado.
Antes
de entrar en el museo, otra maravilla, unas elegantes estatuas, blancas,
recortándose en el azul del cielo. Son parte del Sebasteion, un
templo dedicado al emperador Augusto. Cerca de la entrada del museo, apilados
ordenadamente, frisos con relieves excepcionales. Distintos rostros con
diferentes tipos de expresión. Afrodisias fue celebre también
por su escuela de escultura. En el estadio se celebraban periódicamente
concursos de esa rama artística. En el interior del museo mas relieves
y estatuas, delicadas muestras del pasado que han llegado hasta nuestro
días, conservándose en su lugar natural. Cuando salgo del
museo, son las once y media. Me cruzo con el primer grupo de turistas
que acaba de llegar.
Sigo
la carretera que transcurre por el valle, dirigiéndome hacia la
costa. Entro en una zona montañosa. En la lejanía, veo algunos
picos nevados. Subidas y bajadas, entre laderas, cubiertas de pinos, por
una calzada excelente, con muy poco trafico. Hoy es un buen día.
Incluso encuentro una gasolinera que ofrece “motorin” (gasoil)
a 2,66 TRY litro. Lo normal oscila entre 2,95 y 3,03. (1,48 euros litro).
Llego a Olüdeniz, donde, entre montañas, se encuentra una
pequeña laguna, unida al mar. Un pueblecito, Belcekiz, una playa.
Un antiguo paraíso que los años van transformando, deformando.
Se han levantado varios hoteles, bares y restaurantes que, estos días,
se preparan para recibir el gran numero de veraneantes que pasan sus vacaciones
estivales en sus azules aguas mediterráneas. Encuentro un camping,
en la laguna, que inicia temporada. Solo hay tres autocaravanas. Los ingleses
han descubierto Olüdeniz y han empezado a comprar casas que cada
año son más caras. Los bares ofrecen partidos de futbol
de la liga inglesa. La comida turca, sana, sabrosa, no gusta a los recién
llegados. Abunda la oferta de hamburguesas y “fish and chips”.
La cerveza es barata. Que pena. Van desapareciendo los lugares con “encanto”.
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