|
Hasta
el cinco de mayo no pienso volver a Ankara para recoger -eso espero- el
visado de Irán. Son casi dos semanas que puedo emplear en visitar
algunas zonas arqueológicas muy interesantes.
Como primer destino, he elegido Pérgamo. De ahí proviene
el “pergamino”. Uno de sus reyes, Eumenes II, logro que la
biblioteca de Pérgamo compitiese con la de Alejandría, reuniendo
más de 200.000 libros. Para obstaculizar esa rivalidad, Egipto
interrumpió el envío de papiros, imprescindible, hasta entonces,
para poder escribir. De la necesidad surge la evolución. Solventaron
el problema utilizando pieles de animales, mucho más resistentes
al paso del tiempo que las hojas vegetales.
En todas las zonas arqueológicas greco-romanas que visito nunca
falta un teatro. El de Pérgamo es impresionante, no por su capacidad,
diez mil asientos, sino por su escalofriante desnivel. Lo construyeron
en una ladera, junto a la Acrópolis. Habitualmente, forman un arco
de media circunferencia, el de Pérgamo es mas estrecho, alargado
y, sobre todo, empinado.
En
la visita coincidí con varios grupos. Uno de ellos, formado por
jóvenes australianos, destacaba del resto porque todos sus componentes
lucían una camiseta que recordaba una fecha, el 25 de Abril. Ese
día, en 1915, se produjo el desembarco en Gallipoli, una península
estratégica para controlar el paso de Europa a Asia, de fuerzas
inglesas, australianas, neozelandesas. Los franceses desembarcaron en
Canakale. El enfrentamiento con las tropas turcas duro cerca de nueve
meses. 150.000 muertos, 350.000 heridos. Los turcos defendieron sus posiciones
y los aliados tuvieron que retirarse. En la zona se conservan numerosos
cementerios, con victimas de ambos bandos. Cada año son más
los australianos y neozelandeses que se acercan a visitar los cementerios
en el “Anzac Day”, el 25 de Abril.
En la Acrópolis se conservan en muy buen estado los cimientos del
templo de Trajano. Del edificio, solo algunas columnas. Restos de la biblioteca,
una torre, murallas, algunas paredes, restos de palacios, templos y sobre
todo un paisaje espectacular desde ese privilegiado punto de vista.
Cerca
de la actual ciudad de Pérgamo hay restos de su pasado histórico,
un acueducto, un estadio y dos teatros, pero destaca sobre todo el Asclepion,
un centro medico. Como no, también allí se conserva un teatro.
En Pérgamo nació Galeno. En el Asclepion se utilizaban como
medios terapéuticos baños de barro, masajes, pócimas
preparadas con hierbas medicinales y sorbos de agua sagrada. Un túnel,
que se conserva, unía la fuente de agua con el Templo de Telesforo.
Allí dormían los pacientes esperando que, en sueños,
les llegara la curación a sus males. Puedo llegar a imaginar la
gran extensión que debió ocupar la antigua ciudad de Pérgamo,
en su época dorada, viendo la Acrópolis, lejana, desde el
Asclepion.
Un
nuevo día, un nuevo lugar que visitar, Efeso. Otra de las ciudades
“clásicas” a la que quiero volver. Me dejo un buen
recuerdo. Aquí se levantaba el Templo de Artemisa, una de las siete
maravillas del mundo antiguo, del que no queda nada.
Entro en la zona arqueológica a las ocho de la mañana, soy
el primer visitante. Eso me permite recorrer sus vías principales,
el teatro –uno mas-, la biblioteca de Celso y la puerta de Augusto,
sin nadie alrededor. Una hora después, tengo que buscar un nuevo
itinerario, alejándome de numerosos grupos que van llegando. Descubro
caminos que me llevan hasta algunas ruinas alejadas del circuito que siguen
los numerosos visitantes de Efeso. Senderos, entre flores y altas yerbas.
Así puedo pasearme tranquilamente por la Iglesia Doble, las termas
y el gimnasio del puerto, el Agora y la Palestra.
Efeso
tiene muchos lugares interesantes, estatuas, relieves, grabados en losas…
en una sala cerrada, descubro una estatua de Artemisa.
Antes
de abandonar Efeso, entro en la zona, protegida de las inclemencias del
tiempo, de “las casas adosadas”, una oportunidad para comprobar
como Vivian los potentados romanos. Las habitaciones mantienen frescos
y mosaicos. Pueden verse las tuberías empotradas de desagües.
Como hay que pagar una entrada suplementaria, el recinto es poco visitado.
De
Efeso a Afrodisias. No he estado nunca. Se encuentra a menos de 200 kms.
La carretera es excelente. Cuando dejo la vía principal que conduce
a Pamukale, cambia repentinamente el paisaje. Cruzo una zona montañosa
para entrar en el gran valle donde esta emplazada Afrodisias. En el siglo
III, antes de Cristo, era una gran ciudad. Se rendía culto a Afrodita.
Encuentro un hotel rural en el que puedo aparcar el coche y utilizar ducha
y baño por una módica cantidad. El propietario vivió
durante 30 años en Paris, esta casado con una francesa, orgulloso
de sus seis hijos, todos con carrera universitaria, viviendo actualmente
en Europa. Ha encontrado su lugar. Me cuenta que la región es fértil,
con un microclima que permite el cultivo de tabaco y olivos. La granja
cuenta con un gran olivar. Me invita a tomar te. Una llamada telefónica
de su mujer, desde Pamukale, le hace saber que acaba de producirse un
temblor de tierra donde ella se encuentra. “Hice bien en comprar
esta casa aquí. Denizli (Pamukale) es inestable”.
En el pueblo hay pocos lugares donde alojarse. Los grupos que se acercan
a Afrodisias llegan desde otras ciudades. A las ocho en punto compro el
boleto de entrada e inicio mi recorrido, gozando de un día soleado,
con temperatura agradable. Antes de que me olvide, junto a la entrada
de estos museos al aire libre, hay bares y tiendas que ofrecen guías,
postales, recuerdos, artesanía local, bisutería, alfombras,
en fin lo de siempre. En Turquía, hasta el momento, no he percibido
el menor acoso por parte de los vendedores. Tenia que resaltarlo.
Un vigilante me indica el museo, invitándome a entrar. Prefiero
iniciar el recorrido, dejo el museo para el final. El itinerario esta
bien señalizado con carteles explicativos en turco e ingles. Salgo
de una zona boscosa para encontrarme con un sorprendente monumento que
se alza solitario en un prado verde, el Tetrapilon, una puerta que daba
acceso al gran templo de Afrodita. Me detengo, contemplándolo desde
lejos. Gracias. Gracias por poder disfrutar de este momento, belleza,
paz, sol, amapolas, equilibrio. Solo por este instante, valía la
pena llegar hasta aquí. Cerca del Tetrapilon esta enterrado Kenen
Erim, arqueólogo turco, de la Universidad Metropolitana de Nueva
York, que entre 1961 y 1990, año en que murió, se dedico
plenamente a excavar, restaurar, conservar y proteger estos recuerdos
del pasado que ahora podemos contemplar. Gracias.
 |
 |
|
|